Gendarme Hermosilla, de la cárcel de Lebu, los pilló en el patio y los llevó a pie hasta un cerro
Solo tenía 60 esposas, que usó para los presos más peligrosos. El jefe del penal recibió medalla al mérito.
La madrugada del sábado 27 de febrero la casa de Gonzalo Hermosilla en Lebu se movía como si un gigante la hubiera agarrado a chutes. Sintió pánico, igual que medio Chile, y lo primero que hizo fue llevar a su mujer y a sus dos hijos pequeños a un cerro. Luego se devolvió soplado al plan, para ver qué había pasado con los 155 presos que estaban a su cargo.
Hermosilla es mayor de gendarmería y es también el alcaide de la cárcel de Lebu. Al llegar al penal los muros perimetrales estaban en el suelo, los reclusos se habían rebelado y figuraban amenazantes en los patios. El riesgo de tsunami obligó a Hermosilla a tomar una decisión radical: evacuar, contando solo con 13 funcionarios.
«Priorizamos la vida del personal y de los internos. Fuimos los únicos que lo hicimos», comenta el mayor, pocos minutos después de recibir la medalla al mérito que Gendarmería y el ministro de Justicia, Felipe Bulnes, le entregaron a él y a otros siete funcionarios que se jugaron la vida durante el cataclismo.
La idea de Hermosilla de buscar seguridad era buena, pero la logística no lo ayudaba mucho. «Solo contábamos con 60 esposas, que ocupamos en quince de los reos más peligrosos y en otros 45 más. Ahí estuvo nuestro ingenio, y con cuerdas amarramos a los reos por la cintura y nos pusimos a caminar cerro arriba», relata el condecorado mayor.
-¿A pie con 155 reos por la ciudad?
-Es que a los internos más violentos los subimos a un furgón. Los demás a pie, pero debo destacar que la población penal colaboró. Cuando decidimos evacuar hablé rápidamente con ellos y les expliqué la situación.
-¿Y ninguno quiso pasarse de listo y escapar?
-Hubo algunas situaciones particulares que fueron controladas por el personal. Ningún reo se fugó.
-¿Dónde llevó a los reos?
-A una escuela que hay arriba, donde llegamos 10 minutos después. Fuimos los últimos en evacuar y la gente de los cerros nos miraba con curiosidad.
A su familia, el alcaide Hermosilla la volvió a ver después de tres días. Asegura que lo perdonaron, porque cumplía con su deber, y que luego hasta las familias de los presos le dieron las gracias por la evacuación.
-No se dio cuenta y siguió calmando presos en el infierno de Coronel
Al vigilante Contreras le llegó un balazo en la cara
Mónica Soto, la mamá del vigilante Hugo Contreras, es la más preocupada. Teme que la recuperación de su hijo no sea total, pues recibió un disparo en la cara tratando de impedir una fuga masiva en la cárcel de Coronel, donde hay 350 internos.
A Contreras, de 27 años, le cuesta hablar, porque un enorme parche le cubre parte del rostro y boca. Él debía empezar su turno a las cuatro de la madrugada cuado comenzó el terremoto.
«Estaba en uno de los patios tranquilizando a los internos cuando sentí el golpe. No hubo dolor y seguí trabajando, solo me puse una toalla. Creo que fue un impacto proveniente de una escopeta hechiza», cuenta mostrando la medalla que le acaba de colocar el ministro de Justicia, Felipe Bulnes, para quien Contreras y los otros condecorados son «héroes anónimos que son un ejemplo para lo que se viene: la reconstrucción».
Recién a las ocho de la mañana a Contreras le hicieron una curación. En la tarde lo suturaron. Y del tsnuami nunca se preocupó, pues «había que seguir trabajando no más». Ahora, quiere volver a su unidad, porque «cuando pasan estas cosas dan más ganas de trabajar», asegura.
-Él no sabe sivolverá a caminar
En la cárcel de Chillán se cayeron todos los muros y los presos hicieron de las suyas: 269 escaparon y a muchos el vigilante Juan Medina los vio pasar a su lado mientras yacía herido debajo de un montón de escombros.
Una de las paredes lo aplastó cuando bajaba de la garita donde vigilaba. Se dirigía a calmar a los internos. «Lamentablemente no pude hacer nada, porque estaba quebrado, pero un compañero me quitó el arma, porque podría haber sido usada por los reclusos», dijo tras recibir la medalla al valor.
Medina, de 24 años, está ahora en silla de ruedas. Se quebró el fémur y el húmero y tiene poca movilidad, pero tiene. «Espero que sea una situación temporal», suplica.


