El español remontó y retuvo su corona en la final más larga en la historia de Roland Garros
Acepto mi destino, dijo el italiano trasperder la primera disputa de un major entre los máximos exponentes de la nueva generación.
Recién había perdido el segundo set y, en medio de su decepción, Carlos Alcaraz se acercó al palco de su equipo para sentenciar: «Los astros están alineados para que (Jannik) Sinner gane». Los integrantes del staff técnico, encabezado por el también español Juan Carlos Ferrero, solo atinaron a mover la cabeza, como diciendo «queda mucho, Carlitos».
Y fue así, el campeón vigente de Roland Garros estaba equivocado y en los siguientes tres capítulos sería coprotagonista de una batalla épica, que lo llevó a dar vuelta la final para revalidar la Copa de los Mosqueteros y sumar su quinto título de Grand Slam.
Era la primera vez que Sinner (23) y Alcaraz (22), los números uno y dos del mundo, respectivamente, se enfrentaban en la final de un major y el duelo sobrepasó las expectativas, ya que el hispano incluso logró salvar tres puntos de partido para imponerse por 4/6, 6/7 (4), 6/4, 7/6 (3) y 7/6 (2), en la que por ahora quedará registrada como la definición más larga en la historia de París.
Sin bajar la intensidad del juego, los máximos representantes de la nueva generación del tenis extendieron su disputa por cinco horas y 29 minutos, dejando atrás la marca de cuatro horas y 42 que en 1982 habían establecido Mats Wilander (60) y Guillermo Vilas (72), en el compromiso que el sueco ganó en cuatro sets al ídolo argentino.
«Serás campeón muchas veces acá, es un placer compartir la cancha contigo y hacer historias juntos», le dijo Alcaraz a Sinner en la premiación. «Sé el trabajo que pones en cada día, sé lo que luchas por ganar siempre. Agradezco también que seas una inspiración para los chicos jóvenes», agregó el bicampeón, que se convierte en el tercer jugador del presente siglo que logra retener el trofeo en la máxima cita sobre arcilla, detrás del brasileño Gustavo Kuerten (48), en las temporadas 2000 y 2001, y Rafael Nadal (39), en las cuatro rachas alternadas en que sumó 14 triunfos en París.
Como los astros estaban alineados, no a favor de Sinner, eso sí, Alcaraz se transformó en el tercer jugador más joven que logra cinco títulos del Grand Slam, detrás del sueco Björn Borg (69), que lo hizo con 21 años, y del mencionado Nadal, que lo logró con 22 años, un mes y cuatro días, la edad exacta en que lo emula su principal heredero.
Fue Rafa el primero en felicitar a su compatriota y a su rival: «¡Qué final más increíble en Roland Garros¡ Enhorabuena, Carlitos. Congratulaciones también a Jannik por su gran batalla», escribió el mallorquín, quien estuvo en el centro de los reconocimientos tanto en la apertura como en el cierre del campeonato.
Aunque el italiano Sinner no pudo igualar a sus coterráneos Nicola Pietrangeli (91) y Adriano Panatta (74), campeones en París en 1959-1960 y 1976, respectivamente, las características heroicas de su primera definición de un major con Alcaraz derivaron en un reconocimiento bastante universal por su entrega, luego de superar etapas complicadas debido a una sanción por dopaje.
No pocos expertos compararon el duelo que tuvo lugar en el court Philippe Chatrier con el denominado «mejor partido de la historia» que el 6 de julio de 2008 sostuvieron Nadal y el suizo Roger Federer en Wimbledon, donde el zurdo frenó, también en cinco sets, la secuencia de cinco títulos consecutivos de Su Majestad en el All England.
«Creo que lo dimos todo en un torneo excepcional. Fue un privilegio jugar aquí, aunque ahora sea un momento muy difícil para mí. Ganar este trofeo es importante para mí e igual me hace feliz», dijo Sinner, mostrando su bandeja de finalista. «Me tocó perder y acepto mi destino», agregó tranquilo, imperturbable, como siempre se muestra en la pista.


