Diana Bolocco, Martina Weil y Amparo Noguera han usado vestidos de Bryan Bo
Las redes sociales, plataformas de diseño y canales de distribución digital están democratizando el emprendimiento textil.
«Nunca me cuestioné realmente estudiar Diseño de Moda», cuenta Bryan Bravo (25), quien se tituló de esa carrera en el instituto AIEP. Desde muy joven, recuerda, tuvo claro que quería dedicarse a la moda de manera profesional, no como un hobby.
Por eso dibujaba, cosía y experimentaba por su cuenta, siempre con la idea de construir algo propio. Lo que le interesaba, dice, no era sólo la ropa, sino cómo una prenda puede expresar identidad y generar una conexión con quien la usa.
Durante su paso por el instituto su trabajo comenzó a tomar forma. Ganó un premio de moda sostenible y, gracias a eso, a los 23 años presentó un diseño propio en el Ateneo de Madrid, cuando recién estaba creando su marca. «Ahí entendí que esto podía ir más allá de lo académico, que había espacio para mostrar una visión», señala. En paralelo, siguió formándose con un diplomado en Estrategia y Gestión Sostenible para la Moda y un certificado en Moda y Sostenibilidad, mientras buscaba aprender también fuera de la sala de clases.
A los veinte años Bryan había empezado a construir su marca personal -Bryan Bo- y a los 23 la constituyó legalmente. «Cuando salí del instituto el campo laboral era muy chico. O me quedaba sin hacer nada o emprendía. Y como no tenía nada que perder, me lancé», recuerda.
Así partió desde abajo, prestando prendas, sumando experiencia y entendiendo que una marca se construye con tiempo y trabajo constante. Más adelante decidió estudiar Ingeniería Comercial, no porque los números fueran su fuerte, sino porque necesitaba otras herramientas para sostener su proyecto. «Yo soy cien por ciento creativo, pero tenía que aprender a gestionar, a entender cómo funciona todo el ciclo», explica. Esa formación le permitió ordenar su marca y pensarla a largo plazo.
¿Lo han mirado en menos por tener su edad?
«No, todo lo contrario. Las clientas valoran que tenga una mirada fresca por ser joven. Igual ha sido difícil, la industria es súper elitista y yo vengo de una familia muy sencilla. Tener una oficina propia a esta edad y que alguien compre algo que yo diseñé antes era impensado. Ha sido harto trabajo, he tenido que ser súper multifacético, dormir poco, pero siento que la disciplina y la perseverancia han sido claves. Hemos vestido a Diana Bolocco, Martina Weil, Amparo Noguera, Connie Capelli, varias influencers».
La moda suele verse como algo elitista.
«Yo jamás me cuestioné lo que quería hacer. Desde chico siempre me fijaba en el estilismo, en la moda, en todo lo que conlleva. Siendo un chico de escasos recursos, sin contactos, tuve que empezar desde muy joven a involucrarme: le hablaba a diseñadores para poder ir una o dos semanas a coser; me involucré de manera autodidacta en la confección, en el moldaje; traté de participar en todo lo relacionado con diseño. En el instituto ganamos un premio de moda sostenible y gracias a eso participé en el Ateneo de Madrid presentando un diseño mío. Eso fue a los 23, cuando recién creé la marca».
Dice que lo ayudó mucho trabajar con otros diseñadores.
«Se me han abierto oportunidades, pero porque yo las busqué. También gracias al apoyo de muchas personas. Mi primera oportunidad laboral fue gracias a Nicoleta Valentina, quien fue una mentora para mí. Es una diseñadora a la que respeto mucho, fue toda una escuela. También está Claudio Mancilla, con quien hice la práctica, y que me ayudó a pulir cosas más técnicas».
Crear marca
Víctor Cáceres Massara, director ejecutivo de la agencia We Vibe, asegura que nunca fue tan accesible crear una marca propia como hoy. «Con todo el acceso a información que tiene la gente, crear una marca parece algo más fácil que años anteriores», plantea. Según dice, las redes sociales, las plataformas de diseño y los canales de distribución digital han democratizado el emprendimiento, especialmente en el mundo textil.
Advierte que el éxito no depende sólo de tener buenos proveedores o productos bien hechos. «Hoy no basta con tener ropa, hay que tener una estética, una puesta en escena, un Instagram que comunique», detalla. «Es un trabajo integral donde la personalidad de marca pesa tanto como las prendas. Lo que antes podía parecer accesorio, como la dirección de arte, la narrativa visual o el tono de comunicación, hoy es central», cierra.
«Las clientas valoran que tenga una mirada fresca por ser joven», Bryan Bravo.


