Contó que se tomó un café con Pablo Simonetti, los jóvenes rieron y él se mosqueó
El senador, junto a su colega Andrés Allamand, presentaron sus razones para apoyar dicha iniciativa legal.
Habla Fulvio Rossi, senador del PS: «Voy a citar al ex jefe del gobierno español, Felipe González, pero no me pidan que hable como ellos, porque no me sale bien. Él dijo que si a alguien no le gusta el matrimonio homosexual, entonces que no lo practique».
Ahora habla Andrés Allamand, senador de RN. «El reconocimiento de un derecho es dar dignidad a las personas». Miran Carolina Jiménez, moderadora, y el diputado UDI Ernesto Silva, que interviene poco.
Al frente hay 500 alumnos de la Universidad Adolfo Ibáñez, quienes han llegado con leches con chocolate, cuadernos y lápices a una clase ampliada de la profe Jiménez. El tema sobre la mesa es el debate que genera la idea de legalizar las uniones civiles entre homosexuales.
Los tres invitados exponen sus argumentos tratando de ser claros. Rossi, quien recuerda que es médico de la Católica, dice que entre el 10 y el 15% de la población es homosexual. «Seguramente también los hay en esta sala», advierte. «No hay relación entre la sexualidad de los padres y las de los hijos», agrega, porque se habla de la posibilidad de que las parejas de un mismo sexo adopten.
Para redondear el punto, afirma que «algunos hablan de aberración o desviación, como si el homosexualismo fuera zoofilia». Allamand dice «en principio no favorezco» la adopción, porque él prefiere avanzar de a poco. «Está bien el orden en que vamos». Su argumento es que hay que ir tranquilos por las piedras.
¿Por qué casarse?
Llega la hora de las preguntas del estudiantado y uno de ellos quiere saber para qué diablos buscan casarse los homosexuales. Algunos se miran con cara de sorpresa. Rossi responde con sentido común: «Por las mismas razones que una pareja heterosexual». Allamand apuntala su principal argumento: «Es una reivindicación de un derecho a la igualdad».
Otro joven necesita anotar en su cuaderno si los presentes se han reunido con la comunidad homosexual para conocer su opinión. Silva dice que no. Allamand, que sí. Rossi va más allá: «De hecho hace poco nos tomamos un café con el escritor Pablo Simonetti», quien ha reconocido su homosexualidad. Los presentes encuentran chistosa la historia y dicen «uuuuuy».
El senador, entre molesto y sorprendido, replica que ahí está la discriminación en todo su esplendor. «Me reuní con él porque mucha gente lo lee», justifica. Luego recuerda que las iglesias entramparon el proyecto de ley contra la discriminación. «¿Hasta cuándo vamos a tolerar que nos pretendan imponer sus creencias?», dispara. Y Jiménez cierra la clase. Hay prueba el lunes, muchachos.
Él se rió nomás
A Allamand nunca le habían dicho así
Una carcajada en stereo lanzó el senador Allamand cuando un alumno lo tildó de «conservador solapado». Según el muchacho, la propuesta del parlamentario era «dignidad a medias». Allamand, sinceramente sorprendido, dijo que le habían dicho muchas cosas, «pero nunca esta cosa. La guardaré». Tras asegurar que la iglesia argentina hizo el ridículo en ese país cuando trató de oponerse al matrimonio gay, el senador recibió las felicitaciones de su pareja, Marcela Cubillos, quien encontró que el debate había estado bien bueno.


