El nuevo ídolo tropical logró el triunfo con la complicidad de las hordas femeninas
Dos antorchas y dos gaviotas consiguió el ariqueño. Esto es una excepción, explicó Sole Onetto. Tras el show se destapó con los suyos. Las lágrimas las dejé con mi familia, dijo después.
Felipe Camiroaga dice «ha llegado el momento» y se desata la locura hormonal. Se apagan las luces y en las pantallas gigantes se ve un videoclip de un chiquito moreno que vaga por paisajes desérticos y que luego se transforma en un artista de traje blanco.
Sin estampa grecorromana, el cantante supo seducir a la masa femenina. «Queremos saber si esta noche hay mujeres solteras», decía. Y luego un ataque frontal. «La señora Virginia me pidió que le cantara a las mujeres traicioneras, ¿Aquí las hay?», agregó condimentando el inicio de uno de sus hits, precisamente «Traicionera».
Ya en la pináculo de la gloria, el solista de origen humilde, que acompañaba a su padre a cantar a los arrabales de Arica, tenía un mar de mujeres en el bolsillo. Tras dos versiones de esa locomotora llamada «Embrujo», ellas exigieron las dos antorchas y las dos gaviotas. «Esto es una excepción», apuntaba Sole Onetto.
Tras hacer lo que mejor sabe, la figura tropical se fue al Hotel Sheraton a celebrar con los suyos, esos que lo acompañaron desde el principio. A ellos les desnudó su alma de niño pobre que tocó el cielo. «Contuve cada lágrima que quería salir cuando me dieron los premios. Siempre quise poner lo profesional sobre lo humano. Las lágrimas las dejé para atrás del escenario, con mi familia. Con ellos lloré como un niño», confesaba con el alma vuelta al cuerpo, menos divo y muy humano.


