Josse van der Rest relata las últimas horas del sacerdote jesuita
Estaba un poquito más callado que de costumbre, dice Antonio Delfau sobre el hombre que le dio vuelo al Hogar de Cristo.
Le encantaba desayunar galletas de mantequilla con café y así lo hizo el sacerdote Renato Poblete Barth en la casa de espiritualidad de los jesuitas, en la comuna de Padre Hurtado. A sus 85 años acababa de regresar de vacaciones en Las Brisas de Santo Domingo con su amigo de toda la vida, Josse van der Rest, un religioso belga que a las 9:20 horas de ayer estaba a su lado cuando el ex capellán del Hogar de Cristo falleció.
Renato Poblete era uno más de los 150 jesuitas que estaban reunidos en Padre Hurtado en unas jornadas de reflexión. Se veía recuperado de los malos días que vivió en enero pasado cuando estuvo internado en el Hospital de la Universidad Católica, aquejado de una infección cardíaca. Incluso estaba retomando el hábito de ir al gimnasio y quería disfrutar de una buena ópera en el Municipal.
Ayer el religioso estaba en primera fila, listo para escuchar una charla sobre las personas marginadas en Chile, cuando suspiró y agachó la cabeza hacia el pecho.
«Vivimos juntos 50 años. Él murió a mi lado, es primera vez que me toca ver a alguien morir tan cerca de mí. Estábamos conversando y de repente hizo un ruido. un ruido interior y murió. Anoche estuvimos viendo una película, Los Falsificadores, y estaba muy atento», dice el sacerdote Van der Rest, su amigo desde 1956.
Entre los recuerdos de Renato Poblete, de su buen olfato de marketing para recaudar fondos y socios para el Hogar de Cristo -como la Cena Pan y Vino y el sistema de entregar parte del vuelto del supermercado-, el religioso belga confiesa: «Quiero que me entierren en Chile al lado de Renato. Él tuvo la suerte de morir junto a sus hermanos en la fe. Nos confesábamos mutuamente».
Impactado, Antonio Delfau, el director de la emblemática revista Mensaje, menciona que Poblete «estaba un poquito más callado que de costumbre. Fue impresionante lo que pasó. Él dio unos suspiros suaves, agachó la cabeza y falleció. Murió en la misma casa en donde entró a la Compañía de Jesús. Aquíél fue aceptado como jesuita».
Agustín Moreira, el sucesor de Poblete como capellán del Hogar de Cristo, iba y venía entre los pasillos de la casona en Padre Hurtado preparando la despedida de sacerdotes, seminaristas y trabajadores de la casa de retiro. «Renato entregó su vida para unir distintos polos de nuestro país. Nos enseñó a ser más generosos», acota.
Antes de que sus compañeros lo despidieran con aplausos, el doctor Ricardo Espinoza precisaba que el religioso falleció de un aneurisma cerebral y que no sufrió.
El rito de la tierra
Los restos de Renato Poblete quedarán en el cementerio de los jesuitas, ubicado detrás de la casa espiritual de la orden en Padre Hurtado. Allí los religiosos, en un rito seguido por siglos, colocarán puñados de tierra en su tumba simbolizando su partida.


