Neurólogos, creadores digitales y estudiantes describen el nuevo uso de la voz
Hay códigos, dicen algunos. El mensaje se escucha en velocidad normal sólo si es breve.
En Chile el teléfono suena menos, pero la voz no desaparece. En diciembre de 2025, el tráfico de minutos de telefonía móvil completó 14,6% de caída en un año, según el Instituto Nacional de Estadísticas. La llamada pierde espacio. El audio lo ocupa.
WhatsApp volvió visible ese cambio. La Fiscalía Nacional Económica estimó que el 86% de las personas en Chile usa la plataforma de forma habitual. La aplicación permite escuchar mensajes de audio a 1,5x o 2x, es decir, una vez y media o el doble de rápido que la voz original.
Para Matías Molina, doctor en neurosicología, el fenómeno no es aislado. Surge de un entorno saturado. «La hiperconexión ha transformado nuestra forma de comunicarnos, trabajar y relacionarnos. La escucha de audios en velocidad acelerada responde a la necesidad de atender a múltiples solicitudes de manera impulsiva».
El neurólogo clínico Raúl Juliet lo explica desde la incertidumbre. «Al cerebro le gusta saber qué es lo que va a pasar. Una voz lenta genera ambigüedad y sensación de pérdida de control». Acelerar no aclara el mensaje, pero entrega una dirección más rápida. «Eso activa circuitos del lóbulo frontal asociados a la sensación de control y genera un poco de bienestar».
Desde el sonido, el productor e ingeniero chileno Melou-D, con base en Puerto Rico y trabajos de música urbana junto a Anuel, Dei V y Arcángel, describe lo que se pierde. «Se acortan pausas, respiraciones y matices tonales. La comunicación se vuelve más fría». Para él, la velocidad refleja algo mayor. «La paciencia auditiva bajó considerablemente. Hoy decodificamos más de lo que contemplamos».
En el uso cotidiano, la lógica se repite. Juan Carlos Pastén, runner de larga distancia y comunicador deportivo, cambia la velocidad cuando el audio se alarga. «Escucho los audios en 1,5 o 2, y el criterio está dado por la cantidad de minutos», explica. Si el mensaje es breve, no acelera; cuando supera el minuto, acelera la voz. «Tiene que ver con la cultura de la inmediatez y con la ansiedad por llegar al contenido del mensaje».
En el mundo del fútbol, el audio es parte del funcionamiento diario. Así lo describe Felipe Reynero, jugador de Deportes Temuco. «En los grupos de los equipos normalmente se usa el mensaje, porque son cortos. Cuando se quieren explicar cosas, ahí se envían audios». La velocidad aparece sólo cuando el mensaje se alarga. «Si es corto, lo escucho normal. Cuando ya pasa sobre el minuto, se le pone más velocidad».
El escritor y creador de contenido Javier Guoro lo dice sin rodeos y sin solemnidad. «No estamos apurados, estamos ansiosos en la vida». Para él, el problema no es el reloj, sino el sistema. Likes, vistos, respuestas. Todo empuja a entender rápido. «Estamos reduciendo mensajes complejos a mera información, dejando de lado pausas y silencios».
Esa urgencia marca el modo de comunicarse. «Vivimos en la era de lo instantáneo, y todo aquello que no es instantáneo queda relegado y transformado en lo ineficiente».
Georgia Campbell, estudiante de Lenguas Modernas Aplicadas y Traducción en Edimburgo, usa el audio con una lógica práctica. «Uso WhatsApp para enviar audios porque puedo decir lo que quiero de forma espontánea y las personas reciben el mensaje más rápido, de una manera liviana». Al recibirlos, el gesto cambia un poco. «Me pongo un poco impaciente hasta que se entiende el punto», dice.


