El espacio tenía tabiques de ladrillo y hubo que revisar los planos en la municipalidad para saber cuáles se podían botar
Otros desafíos fueron dar más luz y habilitar la cocina y el baño a las necesidades de un hogar, que son distintas a los lugares de trabajo.
En este departamento, emplazado en un edificio de los años 50 del centro de Santiago, funcionaba una pequeña oficina de abogados hasta que su dueño quiso convertirlo en un espacio para vivir. No fue una cosa a tontas y locas. Se invirtieron cerca de $25.000.000 y trabajaron en conjunto tres arquitectos: María José Galaz (@ruda_arquitectura), que se encargó del diseño, y Luis Díaz y Andrés Cortez (@wuudchile), que ejecutaron el proyecto.
¿Lo primero que se pensó? Botar tabiques para generar una vivienda con sensación de amplitud.
«Es un espacio pequeño (42 metros cuadrados) y se concibió para que viva una persona o una pareja a lo más, por eso te puedes dar estos lujos de conectar todos los espacios sin sentirte invadido. Además, este departamento tiene poca luz, solo dos ventanas que dan hacia un patio interior. La manera de darle luz natural a todos los recintos era dejándolo todo abierto», explica Galaz.
Uno de los desafíos fue botar los tabiques, que eran de ladrillo parado o pandereta y no son livianos.
«Producen mucho volumen de escombro y a pesar de que no tienen un uso estructural, son de ladrillo, son bien pesados. Ahí hubo otro desafío: entender cuáles eran los muros estructurales y cuáles no, porque al golpearlos todos suenan de la misma manera y todos se ven macizos».
¿Cómo se hace para saber qué derribar?
«Fui a buscar los planos a la municipalidad y en base a eso hice la propuesta».
Luis Díaz, que fue parte de la ejecución, explica que había otro tema: en los tabiques estaban las canalizaciones eléctricas, pasaba agua y también las descargas sanitarias.
«Entonces había que tener más cuidado, era un edificio antiguo y estábamos en un cuarto piso. Si algo sucedía afectaba la red eléctrica completa del edificio. Acá no era como los edificios actuales en donde cada departamento tiene su medidor y es fácil cortar la luz», cuenta.
Andrés Cortez agrega que tanto en el baño como en la cocina se reacomodó todo, incluso las cañerías y las descargas.
«Fue un poco complejo, pero se logró. Se hizo justamente para darle mayor amplitud al espacio y mantener esa premisa de integrar todo», relata.
Luis, se cambió todo en lo respectivo a electricidad y descargas sanitarias.
«En este caso se cambió todo, se mantiene el tablero original, pero se actualiza para que esté bajo la norma. Y en el caso de las redes de agua y la descarga sanitaria, la matriz se mantiene pero va por tabiquerías nuevas».
En una oficina se necesitan muchos enchufes, ¿se cambió el orden al convertir el espacio en un hogar?
«Se aprovechó de redistribuir los enchufes de acuerdo a la necesidad de cada espacio. Antiguamente había dos espacios cerrados que eran las dos oficinas privadas de los abogados, como todo esto se abrió, se aprovechó de cambiar el layout de la red eléctrica con nuevos enchufes para el dormitorio, el comedor y la cocina».
El tema de los baños
El arquitecto Patricio Pinilla, que no estuvo involucrado en el proyecto que va en estas fotos, explica que uno de los principales desafíos de cambiar una oficina a un departamento son los puntos sanitarios.
«En una oficina, los baños y las cocinas son más chicas. Generalmente tienen kitchenette y no cocina porque uno no cocina en la oficina. Ahí quieres calentarte algo, poner un plato y luego lavarlo. Con los baños pasa lo mismo. Por lo general son solamente baterías con un doble sello y un lavamanos, por eso tienen una configuración distinta a los que están en un departamento. Ese es el gran desafío».
¿Qué se puede hacer?
«Puedes desplazarte un poco para allá y para acá, pero tienes que estar cerca de la descarga porque las aguas grises sanitarias no pueden ir en cualquier parte. Necesitas una descarga vertical, que es la que trae el edificio, y esos puntos son los que mandan el diseño de la parte sanitaria».


