En vez de remodelarla completamente, se reemplazó solo lo visible
El presupuesto final fue de $2.700.000 y renovar todo habría salido al menos $5.000.000, dice Gabriela Rodríguez, encargada del proyecto.
Para actualizar la suya no es necesario desembolsar mucha plata, ya que los muebles pueden conservarse en perfecto estado y soportar una renovación solo de lo que queda a la vista. Las fotos que acompañan esta nota muestran un cambio de bajo presupuesto, que conservó gran parte del mobiliario: se reemplazó la cubierta y se pusieron puertas nuevas, además de una torre de calor. Todo ello por $2.700.000.
«No todos los clientes tienen esa cantidad de dinero para hacer una cocina nueva, por eso pensamos por qué hacer una cocina nueva cuando hay muebles en perfecto estado. Nos dedicamos a la renovación, pero solo cambiando lo visible», revela Gabriela Rodríguez, socia fundadora de Muebles Molino, una empresa que se especializa en este tipo de obras.
En este caso, los clientes contaban con una cocina que tenía unos 15 años y querían modernizarla.
«Ellos tenían una cocina bien anticuada: antes esos muebles eran un boom. Revisamos su estado y observamos que lo que estaba más deteriorado era aquello que tenía mayor contacto, que eran las puertas y cubiertas, por eso se optó por reemplazarlas», comenta.
Más amplitud
Se instalaron cubiertas de cuarzo blanco para dar amplitud visual y se eligió color gris grafito para las puertas de los muebles por su atemporalidad.
«Ambas tonalidades son neutras, así que combinan con cualquier cosa», asegura.
El mueble aéreo se extendió hasta el techo.
«Antes se ponían a los muebles con una separación de unos 15 centímetros con el techo, pero el problema es que cuando uno prepara comida se acumula grasa y suciedad. Al extenderlo le dimos un efecto moderno y de utilidad, ya que las personas tienen más espacios para guardar aquellos accesorios que son de uso menos corriente. La tapa del mueble lateral también se renovó, se instaló un laminado blanco sobre la melamina. La idea fue que no se viera nada del mueble anterior. Todo lo visible se cambió», afirma.
También se fabricó una torre de calor, que es donde va el horno y el microondas: se hicieron a medida para que queden empotrados. A su vez, se renovaron las bisagras incorporando unas de cierre suave.
«Esta misma cocina si se hace nueva puede costar entre $5.000.000 a $15.000.000, el precio varía según los accesorios. Con nuestro trabajo pasó de ser una cocina vieja a una más moderna: cambió mucho», destaca.
Pone énfasis en que todo va a depender de la cantidad de metros cuadrados que quiera renovar, como también de los productos elegidos.
«Hay presupuestos que son mucho más baratos. Las cocinas que son lineales, de dos metros, en que solo se cambian cubiertas y puertas, cuestan cerca de $1.800.000», cuenta Rodríguez.
Cuándo cambiar todo
Una de las cosas que más debilita a los muebles es la humedad. Por eso es importante secar bien los platos y tazas que vayan al interior. O en los que conservan comida, evitar que se desparrame algún líquido. También es clave no sobrecargarlos.
La arquitecta Ana Anticúo, especialista en decoración de interiores y neuroarquitectura, dice que lo principal antes de hacer cualquier tipo de renovación es ver el estado del mueble.
«Generalmente estos muebles son de MDF y pueden estar cubierto con una capa plástica, una terminación que se llama melamina. Y si está intacta, no hay que hacerle nada. Pero si le entró agua, se va a hinchar y ese aglomerado va a empezar a deteriorarse, provocando hongos y que el mueble se rompa», explica.
También aconseja fijarse en que los herrajes (que son las bisagras de una puerta y rieles de los cajones) estén en óptimas condiciones.
«Hay herrajes que duran 25 años, pero otros no y hay que cambiarlos», añade.
«Para renovar un mueble, hay que desmontar todo y poner un cuerpo nuevo. También lo que hemos hecho es pintarlos cuando están en buen estado»
¿Qué colores se están usando?
«Lo que está de moda son los tonos verdes y azules claros, que son los colores de la naturaleza. Uno se siente mejor y con menos ansiedad, baja el estrés. El blanco es un clásico de las cocinas, siempre en tonos mates y no brillantes. Además, genera amplitud y nunca pasa de moda. Las maderas se están usando en tonos claros».


