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Jackie se encarga de Bruno, el hijo de tres años de la actriz. Pero ahora ella tiene que ir a dejar a su propio retoño al colegio y no alcanza a llegar a tiempo al hogar de la morena.
Antonella Ríos (36) está de muerte. Desde que empezaron las clases, la permanencia de su nana en casa tambalea. Hace seis años que la actriz confía ciegamente en ella y además le entrega el cuidado de su hijo Bruno, de 3 y medio.
El problema es que su fiel Jackie (como la identificó ayer en «Mujeres primero», pero a quien no quiere nombrar porque «no le gustaría») tiene un hijo (el menor) que entra a las ocho al colegio y no alcanza a ir a dejarlo. ¿Por qué? Jackie debe estar antes de las siete de la mañana en la casa de Antonella para que la morena se vaya tranquila a La Red y alcance a maquillarse antes de entrar al panel de «Mujeres primero», que parte a las 8.
La actriz, que vive sola con su pequeño, ayer lloró en pantalla ante su posible partida. «Lo que pasa es que estábamos hablando de la nana ideal y yo dije que la conocía, que era mi nana y me emocioné al agradecer que alguien cuide a lo que uno más quiere», explica la actriz. «Yo me encariño o no estoy ni ahí, y con ella tengo una relación súper buena e íntima», complementa.
Antonella admite que «mi horario es complicado y necesito una persona que me ayude ciento por ciento». Con sus angustiados lagrimones dejó sollozando a todas sus compañeras de set (Janine Leal, Andrea Hoffman y Mónica Esquivel), que solidarizaron. «Ando sensible, pero fue un acto poético», asegura. Y parece que le resultó porque su Jackie vio por la tele a su patrona con la pintura corrida y cuando se encontró con Antonella más tarde, le dijo sabia: «¡Pero cómo! No es necesario que lo pasemos mal».
-O sea que con esto no se va, Antonella.
-En eso estamos, estoy viendo cómo lo solucionamos, estoy negociando. Está complicado el asunto, porque ella también tiene que hacerse cargo de su familia. Tiene que dedicarse a su hijo y calzan sus horarios con los que yo la necesito. Como mamá entiendo la posición de ella.
-Pero para ti sería un tema si te deja.
-Sí, porque uno genera lazos y ella también me cuida un poco a mí. Ella es bien partner y desde el nacimiento de mi hijo ha sido mi guía. Esto va más allá de una relación de trabajo.
-Yo creo que con esa lagrimeada la convenciste.
-Pase lo que pase quería agradecerle lo importante que es para uno como mujer y como mamá poder realizarse sabiendo que tienes a alguien que cuida a tu hijo. Al mismo tiempo entiendo que cada uno tiene su vida y se tiene que hacer cargo como corresponde.
-¿Le vas a subir el sueldo?
-Vamos a ver cómo compensamos para que todos quedemos contentos, pero no tiene que ver con plata. Negociar significa transar horarios.
-¿La regaloneas?
-Sí, finalmente es un acto de amor, porque al ver que quiere tanto a mi hijo hace que uno abra el corazón.
-En caso de no encontrar solución, ¿cómo contratarías una nana nueva?
-Todas las personas reaccionamos diferente: unas por intuición, otras por recomendación. No lo he pensado, porque no me he puesto en ese plan.
-Te resistes a la idea de dejarla partir.
-Sí.
-¿Ahora que le tiraste tantas flores por la tele no temes que te la levanten?
-No tengo miedo de que me la levanten. Ella se quedaría por mi hijo, por amor. Porque finalmente las nanas forman parte de la familia.
También tiene que hacerse cargo de su familia. Como mamá entiendo la posición de ella
«Cuando uno es mamá sola depende de ellas»
Andrea HoffmanAndrea Hoffman, compañera de Antonella Ríos en el programa «Mujeres primero» y con una hija de once años, coincide con la actriz en que las nanas son fundamentales en la vida de una mujer separada que trabaja. «Cuando uno es mamá sola depende mucho de las nanas, porque sin ellas no podríamos trabajar», afirma. Y agrega que «antes era normal que las mamás de uno se quedaran con los nietos, pero ahora tienen sus propias actividades y bien merecido lo tienen».
Eso sí, no está de acuerdo con depender emocionalmente de una empleada. «Me dará pena que se vaya, pero empezaré a buscar otra», dice, aunque jura que trata de lo mejor a sus nanas. «Yo procuro de que estén felices, porque al estar contentas van a generar buena energía y van a tratar bien a tus hijos», advierte. Pero siempre con cuidado: «Cuando uno se entrega mucho, como que se aprovecha la gente».


