Así fueron los 90 días de angustia del rey pokemón en la cárcel

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Heber Espinoza estuvo en Santiago Uno, imputado en un juicio por violación

El miércoles salió libre. Todas las marianas despertaba pensando que lo que estaba viviendo era una pesadilla cuenta el joven de 22 años.

Por una pequeña ventanilla, bien a lo lejos, se divisan las copas de dos árboles que se menean con el viento. Esa fue la única postal de la realidad que Heber Espinoza comenzó a ver desde ese lunes 18 de enero cuando entró a la cárcel Santiago Uno, tras ser imputado en un juicio por presunta violación de una joven, causa que data del año 2008.

Sus 90 días de detención preventiva en la celda de dos por cuatro del segundo piso del recinto penitenciario «fueron los días más largos que he vivido a mis 22 años», dice desde la casa de su papá.

Sí, porque el miércoles el ex rey pokemón salió en libertad. Hoy, está a la espera de que la investigación del caso conduzca al juicio oral.

En ese pequeño y oscuro espacio, donde sólo se podía apreciar una taza de baño, una ducha, un lavatorio y una angosta cama, Heber se paseó por horas reflexionando acerca de su vida, llorando por su familia, anhelando sentir a sus mellizos, Martín y Daniel.

«Todas las mañanas despertaba pensando que lo que estaba viviendo era una pesadilla, pero no, ahí estaba mi realidad», asume. Y agrega: «Y aunque estaba afuera durante el día, a las cinco de la tarde ahí me veía otra vez entre las cuatro paredes «.

Por dos semanas lloró y salió de mala gana al patio, a eso de las nueve de la mañana cuando los gendarmes hacen el conteo de los reclusos. Pero de a poco Espinoza empezó a tratar de agotar ese tiempo que le parecía infinito. Él narra que «de cierta forma si no me adaptaba me iba a volver loco, así que me largué a leer el Código da Vinci y otros libros, a jugar a la pelota, a socializar con mis compañeros de módulo y a escribirle cartas a mi novia (Camila Starikoff). Se las entregaba cuando venía de visita, dos veces a la semana».

Estaba justo en ese proceso cuando vino otro golpe: el cumpleaños de sus hijos. Para Heber «fue lo peor, me sentía triste, porque yo no estaba en su primer año de vida».

Más encima le tocó vivir el terremoto encerrado en su celda, porque «no nos podían sacar hasta las nueve de la mañana y yo no sabía bien lo que había pasado, no había luz, nadie contaba nada». Para su suerte justo ese día le tocaba visita.

Vivir el día

«Tengo a mi familia, a Dios, pero no tengo trabajo y tengo cuentas que pagar, pero es como empezar de nuevo», dice el ex rey pokemóon sobre su reencuentro con la realidad.

-¿Qué cosas disfrutas ahora, Heber?

-Cosas como ir a comprar el pan. No sabes cómo algo tan insignificante como eso para mí ahora es un regalo. O ver ventanales grandes, caminar harto, ver los árboles en todo su esplendor y no sólo la copa de ellos.

-¿Y qué esperas?

-Confío en que ya nada puede ser peor. Confío en Dios y en mi inocencia. Sé que voy a salir bien parado de todo esto, voy a demostrar mi inocencia.

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