Con el creciente interés en la cultura nipona, ya llegaron a Chile
Rígidas, resistentes y sin personajes demoda, proponen una forma distinta de entender la mochila escolar, basada en la duración y no en el recambio anual.
Las Randoseru son mochilas escolares tradicionales de Japón, reconocibles por su forma rígida, líneas simples y colores sólidos. Se usan, casi sin excepción, durante toda la educación primaria y forman parte del paisaje cotidiano de cualquier ciudad nipona.
Más que un accesorio escolar, son un objeto cultural: cada niño recibe una al comenzar el colegio y la utiliza por años, sin recambio. Fabricadas originalmente en cuero y hoy también en materiales sintéticos de alta resistencia, están pensadas para durar, proteger y mantener su forma con el paso del tiempo.
«En Chile, la elección de la mochila para los niños suele ser pasajera. Predomina la estética: dibujos de Spiderman, Paw Patrol o cualquier personaje de moda, que al año siguiente probablemente será reemplazado por otro. La oferta es tan amplia que la decisión se toma principalmente por gusto visual, sin considerar realmente la ergonomía o la durabilidad del producto. En Japón, en cambio, la elección de la Randoseru es un ritual cuidadosamente planificado. Estas mochilas son símbolos nacionales, acompañando a los niños durante los seis años de primaria.», explica Kevin Cortés, editor de Viste la Calle.
Explica que, a diferencia de muchas mochilas comunes, la Randoseru no prioriza los dibujos animados ni la moda temporal. «Además, en Japón es común que los niños vayan solos al colegio, por lo que la seguridad está integrada: bandas reflectantes garantizan mayor visibilidad, combinando ergonomía, protección y durabilidad en un diseño pensado para acompañar toda la primaria».
Usted vive en España, ¿es algo que se ve allá?
«La mochila infantil sigue la lógica global, igual que en Chile. Predominan los dibujos animados y la moda pasajera, convirtiéndose en un objeto casi desechable. Aunque no es una tendencia generalizada, en redes y apps de segunda mano como Wallapop se pueden encontrar Randoseru, así como modelos inspirados en ellas, a precios mucho más económicos que los originales japoneses».
Andrea Martínez, editora de moda y profesora de diseño en la Universidad del Desarrollo, aporta que, con el auge de las tendencias japonesas y el estilo estético ligado a su cultura en el streetwear, es normal que varios elementos se cuelen hacia nuestras propias tendencias. «En el caso de la Randoseru, hay algunos famosos que buscando un estilo «distinto) la adoptaron como (la actriz) Zooey Deschanel en 2014, llamando la atención sobre todo porque andaba con una en color rojo muy llamativo».
En Chile
Kenko Food cumple tres años de operación en Chile. Hasta ahora, su catálogo estaba concentrado en productos como chocolates, caramelos, snacks y bebidas japonesas, pero este año decidieron ampliar el foco. En ese proceso llegaron, por primera vez, las mochilas japonesas.
Rodrigo Yáñez, gerente comercial de la empresa, explica que los modelos se eligen directamente desde un catálogo enviado por la casa matriz en Japón, que luego despacha los productos a Chile.
Sobre la recepción, Yáñez reconoce que se trata de un producto de nicho. Tenen un valor más alto que las mochilas escolares habituales en Chile, andan por los $350.000, lo que limita su alcance masivo, pero quienes conocen la cultura japonesa saben qué están comprando. «Las personas que entienden la tecnología y la historia de estas mochilas las valoran. No es una compra impulsiva, es una inversión a largo plazo. Son mochilas que no se rompen, no se dañan con el agua y pueden durar muchos años», resume.
Hasta flotan
Rodrigo Yáñez, gerente comercial de Kenko Food, asegura que vale la pena invertir en una Randoseru. «Son mochilas pensadas para durar muchos años. Son prácticamente indestructibles, no se dañan con el agua, flotan y mantienen su estructura con el uso». El producto cuenta también con correas ajustables que se adaptan al crecimiento de los niños.