Así vivieron el catastrófico incendio los vecinos del barrio Botania, que se salvó de las llamas

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Uno de ellos pensó que su perro moriría calcinado

El olor a quemado y la destrucción circundante calan los sentidos en la villa Botania, conjunto habitacional ubicado en la frontera que separa Quilpué de Viña del Mar, en la Región de Valparaíso y que sobrevivió cual isla en medio de la destrucción que dejó el mega incendio del fin de semana.

«De no ser por todo el trabajo que muchos de nuestros vecinos hicieron durante el año junto al Proyecto de Gestión Territorial de Gestión de Incendios de Caritas Chile y Conaf, seguro que el fuego nos habría destruido las casas, en vez de pasar por fuera de nuestras puertas», reflexiona Nelson Guzmán, quien tiene su hogar al final del pasaje Chilco, justo donde termina la calzada y se forma un mirador que se abre hacia el cerro del frente.

«Justo por esta quebrada, donde pasa la línea del Marval y se ubica el Campo Deportivo del Colegio Aconcagua, bajó el fuego y se comió todo lo que estaba en sus bordes», cuenta el hombre, mientras mira cómo un grupo de jóvenes familias limpia el entorno del conjunto habitacional, como una forma de evitar nuevos incendios.

«Esto es lo que hacemos todo el año, pero como desafortunadamente no todos los vecinos participan, muchos de ellos se dedican a criticar y a aportillar nuestro trabajo, menospreciando el esfuerzo de sus pares», reclama Guzmán, quien espera que tras la providencial salvada de su barrio, «todos se sumen».

El día cero

Cuenta que el día del incendio tuvo que tomar una difícil decisión. «No pasó más de media hora desde que se activó la alarma del Sistema de Alerta de Emergencia (SAE) en el teléfono, hasta que las llamas comenzaron a rodear la villa», relata el hombre, quien en cuestión de minutos subió al auto a su esposa, a sus dos hijos, al gato y a su perro, el corpulento  Guillu.

En ese momento tuvo que tomar una dura decisión: hacerles espacio a dos adolescentes que a esa hora se encontraban solos en la casa del frente o salvar a su perro.
«Nadie puede imaginar lo terrible que es tener que dejar a tu mascota con el temor de que se queme vivo, pero en estos casos hay que ser racional y priorizar la vida humana, aunque el corazón se parta en dos», recuerda el vecino, quien hoy celebra la buena salud de su can.

«Ese día, cuando nos despedimos, me la lloré toda; al regresar y ver que estaba bien, lloramos aún más, pero de felicidad, por lo que ahora está más regalón que nunca», bromea más tranquilo.

Diferente es el caso de Elena, otra vecina, que cuenta que más abajo en el cerro, hay gente molesta porque se salvaron de las llamas. «Nos acusan de ser privilegiados, olvidando todo el trabajo comunitario de limpieza de matorrales y malezas, que nosotros hemos hecho y que ellos no», asegura.

Cuenta que si Botania sobrevivió fue por los vecinos que se unieron para hacer las canchas deportivas, los estacionamientos y los juegos que se ven en la entrada del conjunto habitacional de unas 70 casas.

«Lo que sigue es la mantención y actualización del plan de emergencia llevado adelante por nuestra comunidad, ya que ahora que toda la vegetación circundante fue destruida, seguramente el comportamiento de futuros incendios cambiará radicalmente, por lo que hay que determinar nuevas zonas de escape y de seguridad», reflexiona Elena, quien espera que «ahora sí se sumen todos esos vecinos criticones que se benefician del trabajo ajeno».

Los mismo piensa Marta Fernández, quien recién este martes volvió a su casa. «Aunque a nosotros no nos pasó nada, igual quedé traumada con la escena y la fuerza del fuego, que era capaz de quemar cosas a la distancia», dice.

Quemando la piel

Asegura que el día de la tragedia no sabía «si salir de casa o quedarme a esperar lo que fuera dentro de ella, porque de pronto llegaban ráfagas de viento tan caliente, que nos quemaba la piel, como si nos pasaran una plancha caliente por los brazos».
Afortunadamente para todos, sólo se trató de ventarrones fugaces, por lo que no le quedaron marcas visibles.

Ahora pueden retomar su vida casi normal, porque aunque el paisaje les cambió quizás para siempre, ni Marta ni Elena ni Nelson perdieron nada, pese a que las llamas los tuvieron rodeados.

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