Efecto del siga-siga: liga chilena en el Top Ten mundial de tiempo efectivo de juego
Roberto Tobar, presidente de la Comisión deÁrbitros, dice que el registro de la empresa Opta es fruto de la acción de los jueces y de la colaboración de entrenadores y jugadores.
Fue una buena entre tantas noticias malas para el fútbol chileno. Esta semana se dio a conocer un estudio de la empresa de datos Opta que determinó que la liga chilena de fútbol se encuentra entre las diez mejores del mundo (octavo lugar) en cuanto al tiempo efectivo de juego. El estudio dejó con buen sabor de boca a todos los estamentos del balompié nacional, en especial a la Comisión de Árbitros que encabeza Roberto Tobar, quien explica cómo los jueces han sido un factor relevante en este registro.
¿Qué labor ha realizado la Comisión de Árbitros para que se juegue más?
«Cuando partimos este proceso con la nueva comisión arbitral nos impusimos una serie de objetivos a corto, mediano y largo plazo. Entre esos objetivos de corto plazo estaba nuestra capacidad de poder transmitir la imperiosa necesidad de aumentar el tiempo efectivo de juego en nuestros campeonatos, porque entendemos que el producto fútbol debe ser algo atractivo tanto para quienes lo vivencian en el estadio como para quienes lo consumen desde sus casas. Nos pone muy contentos que nuestro campeonato pueda destacarse en este aspecto, que es un paso importante dentro de los muchos que nos falta dar, pero que, sin duda, es el fruto de un trabajo transversal, que nos potencia como industria y espectáculo».
¿Es el siga-siga que usted ha impuesto como jefe de árbitros un factor determinante?
«Son muchos los factores que influyen en que un partido tenga ritmo y continuidad, lo que a la larga se traduce en un mayor tiempo efectivo de juego. El siga-siga o juegue-juegue, como algunos denominaron a esa intención del arbitraje, es uno de esos factores. Pero claramente no es suficiente. Debe existir un trabajo de base, tanto en los clubes como en la formación de los árbitros, para sensibilizar a los jóvenes y acostumbrarlos a mantener altas dinámicas de juego, partidos de mayor intensidad, erradicando las simulaciones y pérdidas de tiempo. Y a los árbitros acostumbrarlos a entender que el fútbol es un deporte de contacto y que requiere un entendimiento elevado del juego. Parte fundamental de esto también tiene que ver con la preparación física, porque nuestros árbitros y futbolistas deben estar preparados para soportar de principio a fin un partido de ida y vuelta».
¿Cuál fue el trabajo específico que se impuso en los árbitros para darle mayor continuidad al juego?
«Se trabajó mucho en lo que es el entendimiento del juego, buscando mejorar aquellos factores donde detectamos que había pérdidas de tiempo. La revisión del VAR fue una de esas variables. Hoy tenemos muy buenas cifras en el tiempo promedio de revisión de alguna decisión. Pero el asunto parte antes de la revisión, porque se ha trabajado permanentemente en la unificación de criterios a través del entendimiento para que sean los árbitros de cancha quienes tomen las decisiones relevantes, relegando al VAR a una función secundaria, de apoyo, que debe intervenir sólo cuando realmente existe un motivo y evidencia sólido para ello. Luego está también el trabajo físico. Nos hemos propuesto alcanzar niveles de alta exigencia a través de entrenamientos de intensidad elevada, simulando situaciones de juego donde los árbitros deben someterse a intensos cambios de exigencia y para ello deben tener parámetros de composición corporal propios de un deportista de élite. En esto no vamos a claudicar».
La impresión general del último torneo fue que el nivel de interrupciones en el juego disminuyó. ¿Fue así realmente?
«Concuerdo con su apreciación en cuanto a que hoy vemos que hay menos pérdida de tiempo y que también las simulaciones van disminuyendo. Pero debemos ser justos y en esto debemos destacar la apertura de los clubes, porque, como le indiqué, nos abrieron sus puertas para ir a presentar a sus planteles la hoja de ruta que nos propusimos. Y la recepción de los entrenadores y jugadores de los planteles profesionales, sobre todo aquellos líderes, los jugadores grandes, ha permitido que esto se pueda ir aplicando y que quienes se ven incorporando a nuestros campeonatos entiendan que, como industria, desde nuestros respectivos roles, tenemos que contribuir en potenciar la actividad».
¿Cree que, precisamente, estos indicadores pueden servir para aumentar el nivel de competitividad del fútbol chileno?
«Hoy todo suma. Todo lo que como árbitros podamos realizar en beneficio de la actividad, siempre apegados al cumplimiento de las reglas de juego, servirá para contribuir en que nuestro fútbol pueda ir progresando y reposicionarnos internacionalmente. Pero insisto, el arbitraje es uno más de los actores que intervienen y sin la colaboración del resto de la industria, no será suficiente. Aumentar la exigencia, ritmo de juego, intensidad y erradicar la trampa debe ser visto como un objetivo mayor, pues desde el fútbol activo podemos intentar también afectar positivamente a los niños, en su proceso de formación, para inculcarles el juego limpio, la sana competencia, la ética deportiva. Claramente no somos, ni el fútbol ni los árbitros, los llamados a reemplazar la labor formativa de los hogares ni colegios, pero desde el deporte sí tenemos la obligación, al menos, de dar lo mejor de nosotros para colaborar en que nuestra sociedad pueda mejorar.»
Hubo 15 árbitros que la Comisión desafectó. ¿Tuvo que ver eso con la capacidad de aplicación de estos criterios?
«Indiscutiblemente la exigencia de las evaluaciones ha sido alta y es porque estamos convencidos de que la única forma en que podemos ir mejorando la labor arbitral es a través de capacitación y exigencia constante. El fútbol moderno requiere que los entrenadores sean exigentes, que los futbolistas rindan a los más altos niveles. Entonces, ¿por qué los árbitros deben ir por otro camino?».



