«Bello durmiente» chileno: «Cuando despertaba, era más alto»

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Ignacio Guzmán dormía dos semanas seguidas

Su hermano tambien sufrio el transtorno. Para mis papás fue duro. Sólo tenian dos hijos y pasabamos durmiendo, cuenta.

La enfermedad primero la sufrió su hermano mayor, quien a eso de los 12 años comenzó a quedarse dormido de manera repentina y profunda. Tan profunda, que podía pasar fácilmente una o dos semanas sin despertar.

Ignacio Guzmán cuenta que a él le empezó a ocurrir lo mismo a los 14 años y que el extraño síndrome de Kleine-Levin recién lo vino a dejar tranquilo a los 18 años. Al igual que a su hermano.

Hoy, a este periodista de 30 años le llamó la atención el caso de Louisa Ball, la angustiada adolescente inglesa que sufre el mal, también conocido como «enfermedad de la bella durmiente», y quiso contar su historia.

«Lo más importante es destacar que esa condición tiene cura y que nosotros no tenemos ninguna secuela. Tanto mi hermano como yo somos profesionales, él es ingeniero, y nos va bastante bien», aclara.

-¿Cómo te diste cuenta de que algo andaba mal con tu sueño?

-Todo partió con mi hermano, que se empezó a quedar dormido en todos lados. Mis papás no sabían qué le pasaba y trataban de despertarlo, pero volvía a dormir por varios días y luego, semanas. Después me dio a mí. Me empecé a poner más irritable, agresivo y me quedaba dormido en clases o andaba como atontado.

-¿Lo peor del síndrome?

-Al despertar luego de dos semanas me tenía que poner al día en todo, conseguirme las materias, dar pruebas. Te tienes que esforzar el doble, porque pierdes gran parte de tu vida: navidades, años nuevos, cumpleaños, fiestas, giras de estudio. Todo por estar durmiendo, pero no lo puedes controlar.

-¿Cómo lo hacías para alimentarte o ir al baño?

-Cuando me despertaban, iba a la cocina a comer algo y al baño, pero como en estado etílico. Además, se me presentaba un cuadro de hiperfagia, donde comía tres veces más de lo común, y cambio de conducta.

-Los expertos también dicen que se ponen hipersexuales.

-Eh. Ja, ja, ja, no, en mi caso fue lo normal para esa edad. Al final a mí me dejaron dormir no más. Como era en la época de la adolescencia, yo dormía dos semanas seguidas al mes y cuando me levantaba ya estaba más alto o me había cambiado la voz.

-¿Cómo se sanaron?

-Solos, a medida que crecimos. Nadie sabía qué nos pasaba y lo confundían con narcolepsia (trastorno neurológico que provoca sueño extremo en cualquier momento). Fue una doctora la que investigó y nos dijo que padecíamos Kleine-Levin, y que había muy pocos casos en el mundo. De hecho, nosotros somos el único caso de hermanos. Pero yo no le llamo enfermedad, porque sólo es dormir, aunque para mis papás fue muy duro. Sólo tenían dos hijos y los dos pasábamos durmiendo, pero ya pasó.

«Cuando me despertaban, iba a la cocina a comer algo y al baño, pero como en estado etílico».

 

Lo pilló el sueño

Perdió polola y gira de estudios

Ignacio cuenta que, por culpa de Morfeo, perdió contacto con una polola en su época de adolescente. «Fue bien penoso, porque nos tuvimos que cambiar de casa y no pude despedirme de ella, porque justo me pilló el sueño. Cuando desperté nunca más supe de ella, le perdí la pista, en esa época no había celulares. Recién ahora retomé contacto gracias a Facebook», cuenta.

El síndrome también le jugó una mala pasada en su gira de estudios de tercero medio: «Llevaba como tres días de paseo y me vino. Me moría de sueño y luchaba para no quedarme dormido, fue súper angustiante. Mis compañeros veían que estaba mal, pero no quería que me la ganara y aguanté hasta el final».

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