El recinto ahora es también un ecoparque que cuida flora en peligro
El ejemplar fue rescatado de un cactario abandonado, pero nació y se desarrolló en su hábitat natural, lo que le da características únicas.
Una de las primeras atracciones que se ve al ingresar desde los estacionamientos del Buin Zoo, es un invernadero de madera. Nada especial a primera vista. Sin embargo, al acercarse y hablar con César Mancilla, el joven ingeniero agrónomo responsable de su creación, queda muy claro su valor. Tras sus gruesos vidrios se encuentra una de las colecciones botánicas más valiosas del continente, pues cuenta con 29 de las 32 especies descritas de Copiapoa, familia de cactus endémica de nuestro país, presente entre las regiones de Antofagasta y Coquimbo.
‘Aunque todos los cactus son originarios de América, hay algunos que son especialmente valiosos debido a su acotada distribución geográfica', cuenta el también botánico, quien explica que en el caso de los Copiapoa ‘su hábitat está muy ligado a la camanchaca costera típica de la zona norte de Chile. Entonces, a medida que ésta se ha ido modificando producto del cambio climático, también se ha estrechado el área de crecimiento de esta familia de plantas, una de las más traficadas ilegalmente hacia el exterior'.
Cuenta que en Europa y Asia son especialmente apreciadas por coleccionistas, algunos de los que están dispuestos a pagar pequeñas fortunas por un ejemplar vivo. ‘Como son plantas endémicas, que han coevolucionado específicamente para el clima costero del norte, normalmente no sobreviven cuando son sacadas de su hábitat', asegura Mancilla, quien detalla que el valor de un ejemplar criado en vivero, no es el mismo de uno silvestre.
‘La importancia de contar con plantas silvestres, es que nos permite formar un banco de germoplasma -que no es otra cosa que una colección de material vegetal vivo, en forma de semillas, bulbos, polen y esporas-, que permite no solo proteger el material genético de esa especie, sino también establecer las condiciones naturales en que cada ejemplar creció', cuenta el investigador, quien pone como ejemplo a los humanos: ‘Todos nosotros somos de la misma especie, pero aún así somos distintos dependiendo de las cruzas de nuestros antepasados y de las condiciones en que nos desarrollamos'.
El más valioso
Entre todos los ejemplares que guarda el ecoparque, ninguno es más valioso que el único Copiapoa gigantea de la colección. ‘No solo es único por su edad, unos 250 años, sino porque nació silvestre, lo que le da unas características únicas', dice César Mancilla, mientras lo describe detalladamente. Según se aprecia en la foto, los primeros dos tercios de la planta son grisáceos y con una estructura muy ‘desordenada', versus el último tercio, que luce claramente más verde y con la forma de una corona imperial.
‘Ese color gris se debe a una cera que la planta solo produce en su hábitat natural y que sirve para que las minúsculas gotas de niebla que capta en su tallo y espinas, escurran hasta el suelo, regándola. Esa cera no la produce en viveros, donde son regadas artificialmente, lo que denota que nuestro Copiapoa gigantea vivió silvestre unos 200 años, hasta que fue llevado a la vieja colección abandonada, de donde lo salvamos', cuenta Mancilla.


