Carabinero relata cómo logró evitar que un hombre saltara del viaducto del Malleco

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Fue rescatado por dos cabos de Collipulli, en la región de La Araucanía

Junto a su compañero trataron de convencerlo de salir de ahí, hasta que finalmente se tranquilizó y salió del lugar antes de que apareciera el tren.

Era una jornada tranquila para Exequiel González y Roger Fuentes, ambos cabos 1° de Carabineros. Estaban en un auto policial en un mirador en Collipulli, región de La Araucanía, realizando una labor preventiva, pero desde la central de comunicaciones les informaron que había una persona que estaba en el Viaducto del Malleco, a mitad del puente, que se quería lanzar al vacío. Eran cerca de las 18 horas del domingo pasado.
Ellos estaban muy cerca, así que se trasladaron rápidamente al lugar.
El cabo González, de 31 años, oriundo de Pailahueque, localidad cercana a Ercilla, relata cómo fueron los momentos posteriores que vivieron en el puente ferroviario y la interacción que generaron con el, hasta ese momento, completo desconocido.
«Nos demoramos como tres minutos en llegar al lugar. Nos bajamos del auto y caminamos por el puente unos 150 metros, hasta donde estaba el hombre. Nos fuimos caminando rápido pero con cuidado, porque son durmientes y era un poco dificultoso», recuerda el carabinero.
«Estaba sentado en el borde, con los pies colgando. Nos acercamos, lo saludamos, pero él nos ve y hace un intento de lanzarse, de bajar la cabeza por debajo de la baranda. Son como tres barreras, tres fierros y él hace el movimiento».
¿A qué distancia estaban ustedes en ese momento?
«Como a un metro».
¿Y qué pasó ahí?
 
«Me acerqué de inmediato a él y le dije que estuviera tranquilo. Vi mucha decisión de su parte, quería lanzarse. Mi colega lo abrazó por atrás y yo le tomé su brazo derecho. Ahí él se puso a llorar y nos manifestó que no quería estar acá, en este mundo, que estaba muy cansado y que se quería matar».
 
¿Qué le dijeron ustedes?
«Empezamos a conversar. Nos contó los problemas que tenía y empezamos a dialogar. Traté de empatizar con él, me puse en sus pantalones, empezamos a hablar de la vida, que las cosas no eran fáciles».
El hombre, de 41 años, le contó una historia muy triste. Le dijo que tenía dos tumores, que se había separado hace poco y que no podía costearle la universidad a su hija.
¿Seguían en el mismo lugar?
 
«Estábamos en la misma posición, mi colega lo tenía abrazado. Él lloraba todo el rato, hasta que en un momento se giró y me abrazó. Me dio las gracias, pero me dijo que no encontraba salida. Le dije que siempre había salida y le pedí que fuéramos a un lugar seguro, ya llevábamos como 15 minutos hablando».
 
¿Qué le respondió?
 
«Me dijo que no, que se quería quedar ahí. Seguía en su postura. Pero después empezamos a conversar más de la vida que de los problemas en sí, para poder sacarlo de la crisis. Nos contó a qué se dedicaba y traté de preguntarle de otro tipo de cosas. Se fue calmando y le mencioné que iba a pasar el tren en algún momento y que fuéramos a un lugar más tranquilo. Después de tres veces que le dije, finalmente accedió a salir de ahí».
¿Cuánto rato pasó desde que llegaron hasta que accedió a moverse?
 
«Aproximadamente, media hora. Cuando nos pusimos a caminar estaba más tranquilo».
En el intertanto llegaron tres carabineros, pero se mantuvieron a una distancia prudente y no intervinieron. Gonzaléz cuenta que en todo momento mantuvo una «comunicación no verbal» con su colega, confirmando que tenían la situación bajo control.
«Nos fuimos abrazados por el puente caminando. Yo lo abracé y mi compañero le tomó la mochila y se fue caminando detrás de nosotros. Llegamos al principió del puente y le dije que lo iríamos a dejar a la casa».
¿Qué dijo él?
 
«Dijo que no, que se quería ir caminando, entonces le dije que nos fuéramos caminando, que lo acompañaba. Dijo que era lejos, pero le dije que lo acompañaba. No lo iba a dejar solo ahí, pero al final accedió a subir al carro y lo llevamos a su domicilio».
¿Cómo fue el trayecto a la casa?
 
«Más relajado, ya echaba la talla. Él se fue sentado atrás solo, pero siempre fuimos dialogando con él. Después hasta nos invitó a un asado, nos dijo que quería compartir con nosotros. Ya se había relajado la situación, cambió el contexto y nosotros también íbamos más tranquilos. Lo dejamos en la casa y nos dio las gracias».
¿Cómo estaba en ese momento?
«Bastante más tranquilo. Habían pasado cerca de dos horas y era otra persona respecto a la que habíamos hablado antes. Su postura física y anímica había cambiado totalmente, ya no estaba en ese estado de shock en el que lo habíamos visto inicialmente. Le sugerimos que pidiera ayuda profesional, que cuando uno no está bien tiene que tratar de buscar ayuda, porque a veces a uno se le escapan de las manos ciertas situaciones y que eso no le pasaba sólo a él, sino que a mucha gente».
 
¿Cómo quedaron ustedes?
 
«Felices, fue súper gratificante haber salvado una vida. Los dos estábamos muy contentos».
¿No fue muy pesado emocionalmente para ustedes?

«Sabes que no, fue todo gratificante. No había emociones negativas, porque finalmente se había cumplido el propósito. Ahora quiero pasar a saludarlo».

«Después empezamos a conversar más de la vida que de los problemas en sí», Exequiel González, cabo 1°

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