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Título/Pie de foto: El ilustrador chileno Francisco Olea presentó su repudio con este este dibujo.
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Título/Pie de foto: «Él dibujó primero», viñeta de David Pope. Abajo, las nuevas torres gemelas, por Ruben L. Oppenheimer.
Reflejaron la diferencia entre los fusiles y los lápices
A través de su propio oficio, los autores solidarizaron con sus colegas fallecidos en el centro de París.
Fabián Llanca
Tras conocerse detalles del crimen múltiple en el centro de París, las redes sociales dejaron fluir la sorpresa y la indignación. Humoristas gráficos de todo el mundo, como resulta obvio, pusieron su talento para, de alguna forma, contraatacar ante el deceso de Charb, Cabu, Wolinski, Honoré y Tignous.
«Un terrible día para todos los caricaturistas», escribió el inglés Magnus Shaw al publicar una imagen de Charlie Brown cabizbajo y la leyenda «Yo soy Charlie», haciendo el cruce entre el amigo de Snoopy y la revista tiroteada.
El material gráfico acentuó la disparidad evidente que existe entre un fusil AK-47 y una lapicera para dibujar un chiste. El australiano David Pope, por ejemplo, únicamente usó trazos grises para replicar el atentado. «Él dibujó primero», es el argumento que esgrime un encapuchado mientras humea el cañón del kalashnikov. De su víctima solo se distinguen unas hojas y sus anteojos rotos.
Ann Telnaes, editora de caricaturistas del «Washington Post» y ganadora del Pulitzer 2001, prefirió dibujarse ella misma con un lápiz en una mano y un ejemplar de Charlie Hebdo, con la portada en que aparece un musulmán besando a un colega dibujante, en la otra.
El holandés Joep Bertrams reflejó la violenta jornada con un musulmán decapitando a un periodista de la publicación francesa, quien, como respuesta, le saca la lengua a través del cuello sin cabeza.
Más alegórico fue el alemán Ruben L. Oppenheimer, quien vinculó el hecho al ataque de las Torres Gemelas, en 2001, pero reemplazó los edificios por dos lápices de grafito con las puntas hacia arriba. El francés Jean Jullien también recurrió al contraste entre metralleta y lapicera.
En el material que circuló aparecen tres creadores chilenos que le hacen a la contingencia. Francisco Olea presentó un fusil hecho con útiles que usan los dibujantes: el mango es una escuadra plástica, el gatillo es un sacapuntas y una goma de borrar, y el cañón es un plumón. Alberto Montt prefirió el primer plano de uno de los sospechosos y la leyenda: «Nuestro dios es amor, y tenemos armas para probarlo». Malaimagen recurrió, como otros, a la comparación entre arma de fuego y lápiz.


