Dará el sí junto a Bernardo Borgeat después de 12 años juntos
La jueza de TVN dice que para sus hijos, amigos y familia ha sido súper importante que demos el paso.
A pocos días de caminar hacia el altar, Carmen Gloria Arroyo (60) y Bernardo Borgeat (54) comparten las razones detrás de una decisión que sorprendió a varios: casarse después de más de 12 años de relación. Lejos de cualquier presión social o necesidad legal, la pareja que ha sabido construir una relación sólida y duradera, asegura que la boda, que se realizará el próximo 16 de agosto, es ante todo una celebración. «Nos habían preguntado mucho, los amigos incluso nos molestaban harto», recuerda entre risas la animadora de TVN. Pero fue en una cena, poco antes de la gran pregunta, cuando ambos hablaron del tema sin imaginar lo que vendría. «Lo irónico de todo esto fue que un mes antes de que me pidiera matrimonio, habíamos salido a comer y conversamos, por iniciativa mía, claramente, porque nos habían molestado hace muy poco con lo del matrimonio, y le digo que no necesitamos casarnos, que estamos bien así, que la próxima vez que nos pregunten digamos que no nos pensamos casar, que no estamos ni ahí con eso, y él me decía sí, claro. Eso fue en diciembre y en enero me regala el anillo», agrega.
¿Por qué decidió pedirle matrimonio, Bernardo?
«No es un tema el casarse. Los dos ya nos habíamos casado una vez, no era un tema que fuera súper soñado, por así decirlo. Encontré que era una evolución en nuestra relación y que estaba bueno ya poner esta firma, como dar un paso más. Y celebrar estos más de 12 años juntos con todos nuestros amigos, la familia, con todos los testigos más cercanos a esta relación. Es dar un paso grande y celebrar este tiempo e iniciar un nuevo ciclo, ahora ya casados».
¿Siente que es iniciar un nuevo ciclo, Carmen Gloria?
«Sí. Siento que ha sido como una renovación de la relación, tanto para nosotros como pareja, como para nuestros hijos y amigos. Para muchos de ellos ha sido súper importante que demos el paso. Algunas me tratan como si me hubiera vuelto más importante. Hay gente que cree mucho en la formalidad, yo no tanto, pero me gusta. Lo he pasado muy bien».
Plan modesto
La organización del matrimonio también ha sido toda una aventura, especialmente para Carmen Gloria Arroyo, quien reconoce que todo partió con un plan modesto, casi improvisado, donde la idea inicial era hacer algo íntimo en casa, como un asado con amigos, pero la lista creció rápidamente. «Después nos complicamos con qué hacemos con 100 personas y los baños, los estacionamientos», recuerda. Así fue como llegaron a la Casona de la Laguna, un lugar que, según ella, logra mantener el espíritu familiar que buscaban. «Tampoco queríamos algo gigante, sino que se mantuviera la cosa familiar e íntima como en la casa. El lugar está cerca de donde vivimos, tiene la posibilidad de poner parrilla, que para Bernardo en muy importante. Entonces mantenemos el carrete de casa, pero en un centro de eventos».
Y si el lugar fue un tema, el vestido no se quedó atrás. «Lo otro que fui soltando heavy fue con el traje de novia, porque partí súper pudorosa. Decía que no me iba a casar de blanco, ni vestido largo, cómo se les ocurre», admite. Su idea original distaba bastante de lo tradicional: un diseño dorado, más bien recatado, y con una estética indefinida. Hasta que su amiga Tonka Tomicic le cambió el chip. «Un día mi querida Tonka me dice sabes qué, basta. Cómo que no eres novia, sí eres novia y qué importa la edad, debes verte como novia, ya corta la tontera. Y a partir de ese minuto me relajé y dije tiene razón».


