Arrojarse y hacer lo que quieras es un gran regalo, asegura la periodista
Está de vacaciones en Holbox, en el Caribe mexicano. He criado y cuidado casi toda mi vida. Ahora está bien cuidar de mi, regalonearme, destaca.
Tras cubrir los Premios Platino en México, Carola Gutiérrez se tomó unos días de vacaciones y partió a la isla Holbox. Ese fue el destino para vivir su cumpleaños 55 y esta vez decidió pasarlo sin compañía. «A esta edad, una se despoja de los prejuicios. A medida que pasa el tiempo ya no importa mucho qué piensan los demás, amas tus canas aunque igual me las tiña, y viajas sola con el propósito de gozar, enfrentar tierras nuevas y atreverse», reflexiona la comunicadora de «24 Horas».
«Está establecido que los cumpleaños se deben pasar con la familia, amigos y eso está bien y es lindo. Pero también creo que a esta edad, cuando uno pasa el medio siglo, arrojarse y hacer lo que quieras es un gran regalo. He criado y cuidado casi toda mi vida. Ahora está bien cuidar de mi, regalonearme y cuando les comenté a mis hijos este plan, la primera respuesta que conseguí fue dale mami, eso es lo que quieres hacer, hazlo y nosotros te celebramos al regreso», suma la periodista.
¿Cómo eligió esta isla?
«A mí me gustan los pueblos, la gente, recorrer y conocer. Entonces buscando eso di con una foto que mostraba una playa con un cartel que decía Carolinda, como suele llamarme mi amigo Iván Núñez, y dije ahí es. El lugar se llama Holbox, es una pequeña isla del Caribe mexicano donde se cruza desde un pueblo llamado Chiquilá en ferry. Vine sola y tampoco quise animar a alguien a seguirme a último minuto».
¿Qué me puede contar de su rutina allá?
«Llegué y lo primero que me impactó fue la puesta del sol. Nunca vi algo parecido más que en fotos. He leído como hace años no lo hacía. Claro que no hay mucha conexión a internet, tampoco tele así que toalla, traje de baño, reposera, baños de sol y mar. Luego ducha, una que otra salida por la noche y el otro día dormí el récord de la temporada: nueve horas de corrido. Hace meses, si no años, que no lo lograba. También fui a otras islas que son reservas de la biósfera y yo ahí en medio del paraíso. Todo aquí en la isla es a escala humana y nada de hoteles gigantes. La puedes recorrer en un día y todo es belleza. Mi posada es hermosa, queda más cerca del centro y los mexicanos son gentiles, cariñosos y serviciales. El día de mi cumpleaños estaba todo decorado de una forma especial y el jacuzzi hasta con pétalos. Andar en taxi es como enfrentar el Dakar y también hay taxi-moto».
¿Cómo se imaginaba a esta edad?
«Siempre recuerdo que de niña, mi mamá tenía una obsesión con eso de llegar a los 50 y yo pensaba debe ser terrible, jajajá. Ahora tengo 55 y aquí estoy: más vieja, claro, pero también más calma, sin urgencias, dedicada al cuidado de mi madre que suma 91 y organizando todo en función de eso. Mis hijos son adultos responsables y generosos. Ahí están apuntalando para estar cuando no estoy y ayudarme».
¿Recomendaría este destino?
«Este es mi último fin de semana y la verdad es que me quedaría un poco más. Ahora, cualquier recomendación es tan, tan personal, pero esta isla da para todo. Venir en plan relajo, en pareja e imagino que para plan de carrete y amigos también. No sé si da mucho para venir con niños, pero vi familias, mascotas, gente joven y más adulta de las más variopintas nacionalidades».


