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Autor de la Foto: CARLOS CATALÁN
Título/Pie de foto: Carolina en plena faena en la Alameda.
Dirigió equipo que en 4 horas hizo desaparecer una gigantesca escenografía
Es escultora, pero pitutea hace 2 años como carpintera en eventos para ganar dinero extra.
Valentina Espejo
Carolina Pinto (38) celebró el Año Nuevo en casa de unos amigos hasta las 5 AM. Tres horas después se vistió, calzó sus zapatos de seguridad y partió con sus herramientas a trabajar.
«Sabía que tenía que aperrar y levantarme temprano, pero no fue tan terrible», dice.
Carolina es escultora, pero ayer estaba a cargo de un equipo de trabajo encargado de desmontar parte de la enorme escenografía de la fiesta pirotécnica que se celebró a la medianoche en la Torre Entel.
Junto a tres compañeros, estuvo durante 4 horas apilando unas cien planchas de madera terciada, después de que las grúas las sacaran del escenario principal.
La estructura representaba a un pavo real y fue la misma que se utilizó en uno de los escenarios de la versión 2014 del festival de música electrónica Misteryland, que se realizó en diciembre en la Hacienda Picarquín, VI Región.
La escenografía la montaron en dos días en el bandejón central de la Alameda; mientras otros se recuperaban de la resaca post Año Nuevo, ellos estuvieron 4 horas a pleno sol, desarmando la estructura con taladros y martillos.
Reina de los pitutos
«Hay grupos encargados de diferentes cosas. Primero llegan los iluminadores a sacar las luces, luego los de sonido y después los que desmontan las piezas con la grúa. Una vez que están en el suelo, usamos taladros para desatornillar y apilar las planchas para que vuelvan a la bodega», explica Carolina.
Ella se autoproclama la reina de los pitutos: «Como artista es difícil vivir. El trabajo de carpintería y montaje en eventos lo hago hace dos años. Se cómo usar un taladro y trabajar con madera, así que no se me hace difícil», cuenta.
Carolina es además artista visual (http://www.caropintoart.com/) y en sus ratos libres practica acrobacias en el trapecio.
Para ella es normal que sus amigos se sorprendan por lo que hace: «Trabajo desde los 18 años con herramientas. No es que haya aprendido por este trabajo en particular, sino que a raíz de las cosas que sé hacer me llamaron para esta pega», asegura.
Sus compañeros dicen que la pasan bien trabajando con ella y que su presencia los obliga a ser más ordenados y respetuosos.
«No estaba acostumbrado a trabajar con mujeres. La primera impresión fue que ella estaría sentada -porque es una pega pesada donde hay que hacer fuerza- pero ahora me doy cuenta de que incluso tiene más fuerza que yo. Otros grupos nos ven diferentes y se admiran porque no es común», asume su colega Felipe Castro.
La misma buena onda viene de parte de su jefa: «Me encanta trabajar con hombres porque me cuidan un montón y me siento regaloneada. Ellos se portan mejor, incluso dicen menos garabatos», asegura Pinto.


