Gustavo Álvarez habló de expectativas, madurez y efectos de la pandemia en los jóvenes
Estamos hablando de un jugador 2004, muy joven. ¿Alguno tiene hijo de esa edad? Yo sí y pregunto, ¿les exigen o los acompañan?, dice el técnico azul.
Lucas Assadi a sus 20 años es una de las grandes promesas del fútbol chileno y desde que debutó en 2021 suma 71 partidos entre el Torneo Nacional y la Copa Chile con la camiseta de la U. Además ha sido seleccionado en las categorías Sub 17, Sub 20 y Sub 23 con la Roja, pero aún se espera su consagración como una figura indiscutible. Su técnico, Gustavo Álvarez, salió a defenderlo y explicar que su proceso sigue en curso y más aún para una generación de jóvenes que creció en medio de una pandemia.
«Estamos hablando de un jugador muy joven y en ese punto me quiero detener. La mayor parte de mi carrera fue como formador, conozco la evolución de los jugadores. Estamos hablando de un jugador 2004, muy joven. ¿Alguno tiene hijo de esa edad? Yo sí y pregunto, ¿les exigen o los acompañan? No siento que con Lucas se haga eso, se le exige lo que tiene que ser, pero no cómo y no se le acompaña. Es un jugador 2004 y, párrafo aparte, creo que esta generación menor de 25 años que atravesó la pandemia tiene un retraso madurativo. No es normal lo que sucedió durante un año y medio, donde estuvieron casi sin jugar y sin entrenar», afirmó.
El argentino explicó que la generación que terminó su formación deportiva en pandemia y los nacidos en 2004 ahora son casos excepcionales en el mundo. «Lucas Assadi es un jugador que se tiene que completar, producto de su juventud, independiente de que todos los jugadores siempre tienen algo que mejorar. Se le viene exigiendo desde los 17 años. Debutó en 2021 en un partido con San Luis en Quillota por Copa Chile. A partir de ahí juega 71 partidos en Primera División y se le exige que sea el 10 y líder futbolístico de la Universidad de Chile, y si vamos más allá, de la Selección nacional. Dentro de lo gran jugador incompleto que es, lo que hace, lo que tiene, es tan bueno que genera una tremenda expectativa. Y esa expectativa es injusta que la transformemos en exigencia. Tiene 20 años recién cumplidos con una pandemia en el medio», agregó Álvarez.
Para la académica Carolina Pezoa, jefa de carrera de sicología de la Universidad Central, hay aspectos del desarrollo físico, sicológico y cognitivo que se vieron mermados por el encierro, como la interacción con otras personas, los vínculos sociales, y eso provocó un estancamiento en los ciclos de desarrollo clasificados en etapas dentro de una vida normal. «Las exigencias que se les puede hacer a personas que están en etapa del desarrollo y que son más marcadas por las teorías son consecuencias que aún se están evaluando porque van a ser adultos que tendrán estas carencias y hoy son jóvenes que están con estas carencias. Serán otro tipo de adultos que tuvieron otro tipo de experiencia», afirma.
«Pensar en estas juventudes que estaban proyectando una vida para el alto rendimiento físico también ven mermada esta capacidad de prioridades, toma de desiciones y emitir ciertos juicios morales. El desarrollo moral es muy parecido al desarrollo cognitivo. Las personas tienen que tener cierto desarrollo para tomar ciertas decisiones y asumir ciertas prioridades en su vida. A los 20 años debe estar condensado, pero las etapas previas para llegar a eso son algo que estas juventudes no vivieron. También hay que evaluar las consecuencias de los duelos. Nos olvidamos muy pronto del dolor humano que significó ese periodo. Una cosa es el desarrollo sicológico, que se vio mermado por el encierro, y otra es la esfera espiritual y lo que se vivió alrededor como una especie de apocalipsis. Y un tercer factor son las redes de apoyo con que se contó en ese periodo para la contención del proceso y el dolor», explica Pezoa.
Carlos Pedemonte fue jefe formativo en Huachipato, Colo Colo y la Universidad de Concepción, debió lidiar con la pandemia y revela que aún es complejo dimensionar el significado de esa etapa de encierro en los cadetes. Cada club asumió un plan y él en el Campanil optó por trabajos vía zoom, retorno de acuerdo a indicadores impuestos por la autoridad sanitaria y el desafío de estar listos para reemplazar a los profesionales en caso de una urgencia cuando se retomó la competencia. «El encierro nos afectó a todos y provocó sedentarismo, ociosidad y elementos que son contrarios al desarrollo de la vida. Se perdieron entrenamientos normales y la competencia. Incluso cosas que no pudo dimensionar como la recuperación. Fueron todas las generaciones y no solo los Sub 25. Hay que recordar a los más chicos también», dice Pedemonte.
Entre 16 a 18 años, ¿qué se termina de pulir en un jugador?
«Todo es mejorable, desde lo técnico, táctico, el desarrollo fisiológico y muscular, pero hay aspectos que están no vinculados al fútbol y están más en la relación humana como la motivación, la perseverancia, la búsqueda, el orden y la prioridad de los hábitos. El entrenamiento en sí da transformaciones en la medida que la persona, cognitivamente, lo entienda. El entrenamiento es un factor de varios aspectos del desarrollo. Uno es en el campo, pero es tan importante como se alimenta, duerme, ordena su tiempo, estudia y vive con tranquilidad emocional. En Chile los talentosos quieren ser diferentes, jugar menos, y los técnicos queremos que se esfuercen menos porque hacen la pega más fácil. Sus capacidades están más arriba de ese nivel y los técnicos tenemos que lograr que el talentoso debe entrenar más que todos y a veces no ocurre eso. Hoy estás en la juvenil, pero quiero que mañana esté en el primer equipo, en la selección y el extranjero y ese es un paso mucho más difícil de lograr».


