Cayó «El Ponchis», el niño sicario: «Se sentía feo, pero yo nada más degollaba»

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Tiene 14 años, se grababa descuartizando a sus víctimas y dice que lo obligaban a matar

Adolescente mexicano pedía a sus dos hermanas que se deshicieran de los cadáveres. Todos fueron detenidos.

De pelo crespo y aspecto inofensivo, la mayoría de los pasajeros que el jueves se encontraban en el aeropuerto de Cuernavaca, México, no podían entender que los militares trataran tan mal a un menor. Nadie se imaginó que el muchacho era «El Ponchis», el mismo niño sicario que con sus sanguinarias historias les había quitado durante meses el sueño a los mexicanos.Su verdadero nombre es Édgar Jiménez Lugo y, aunque apenas tiene 14 años, ya les ha demostrado a sus jefes del Cartel de Drogas del Pacífico Sur que es todo un carnicero. Al menos así lo confirmó en su propia confesión, en la que no mostró ningún remordimiento. En ella reconoció que es un consumado degollador.

«He matado a cuatro personas. Los degollaba. Se sentía feo hacerlo, pero me obligaban», se defendió sin que le temblara la voz. Según contó, «siempre me decían que si no lo hacía, me iban a matar. Por eso yo nada más los degollaba, pero no los iba a colgar a los puentes. Eso nunca», consignó el diario «Reforma».

Y eso es verdad. Édgar no se deshacía de los cuerpos. Sólo los descuartizaba y después se los entregaba a su hermana Elizabeth, quien a los 16 años ya era la jefa de «Las Chavelas». La banda también era integrada por su hermana Oliva, y juntas eran las encargadas de hacer desaparecer los cadáveres en cualquier lugar del estado de Morelos.

Eso sí, hay que decir a su favor que por chacal que sea el muchacho, no se puede negar su profundo amor por la familia. Cuando lo pillaron iba escapando a Estados Unidos junto a dos de sus hermanas. La idea era cruzar la frontera hasta California, donde podrían descansar en la casa de su madrastra.

Pero todo salió mal. Y aunque en un primer momento el niño intentó negar todo, tanto su teléfono móvil como el de su hermana terminaron por echarlos al agua. «Cada uno llevaba un celular. En ellos vienen las pruebas de cómo torturaban a la gente, cómo la mataban y todo», detalló la policía azteca.

La persecución de «El Ponchis» comenzó en octubre pasado, cuando un escuadrón militar detuvo a parte de su banda. Lo increíble es que a pesar de que Édgar cayó en esa redada, los uniformados lo dejaron libre, porque no creyeron que un niño como él fuera capaz de cometer semejantes horrores.

Otro dato a considerar es que a pesar de que ganaba el equivalente a un millón 200 mil pesos chilenos, cuando cayó no tenía ni un billete consigo.

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