Pablo Ortúzar se detiene en un punto: la corrupción.
El caso Fundaciones es uno de los escándalos de corrupción en el Estado más grandes desde el retorno a la democracia ¿cómo lo analiza?
«El caso fundaciones es importante, entre otras cosas, porque termina de desnudar que la izquierda usa muchísimas organizaciones civiles con causas no partisanas como fachada para realizar proselitismo político. Esto lo vimos antes, durante y después del estallido, con la Lista del Pueblo, pero es confirmado por este escándalo. El tema de la instrumentalización política de la sociedad civil es de larga data, y es muy grave, pues en Chile afecta también a asociaciones de funcionarios del Estado, gremios profesionales y claustros académicos. La izquierda tiene capturadas muchísimas instituciones cuya función se supone que no es partidista, y eso le hace mal a todos».
A tres meses que se acabe este gobierno, ¿estamos mejor o peor que cuándo asumió?, ¿por qué?
«Estamos mejor porque los alumbrados que se las sabían todas finalmente pudieron pasar de la teoría a la práctica y ver que no era tan fácil la cosa. Fue una lección muy cara, pero quizás no había otra opción. Estamos peor, eso sí, porque seguimos estancados, y los países, igual que las personas, van perdiendo sus capacidades si no las ejercitan. Chile es un país en estado de sedentarismo intelectual, político y económico. Si esto se extiende, moriremos postrados».
¿Fue una presidencia que hizo la práctica, como decía la oposición? ¿La tuvo difícil estos cuatro años?
«La ventaja de los gobiernos de izquierda en Chile es que nadie les hace zancadillas todo el día. Ni la Anef ni las organizaciones de DD.HH. ni los indigenistas ni los movimientos estudiantiles. Toda la maquinaria de lloriqueo y patadas queda detenida, y corren platas y pegas. Parte de la oposición, además, siempre está dispuesta a colaborar, con buenas razones. Durante Boric Presidente se destrabaron una serie de leyes que el mismo Boric había votado vehementemente en contra como diputado. Por cierto, la administración del Estado ha sido deficiente en múltiples niveles, en buena medida porque nuestra izquierda es incapaz de ir contra los intereses que tienen paralizado y secuestrado el Estado».
¿Habrá un legado positivo de este gobierno?, ¿podría ser ese legado la jornada de 40 horas, la reforma de pensiones, el aumento del sueldo mínimo y la PGU, o el plan de emergencia habitacional; quizás el copago cero en Fonasa?
«Sin duda tiene algunas cosas positivas, como todos los gobiernos. En mi caso, celebro la filosofía de la responsabilidad personal que han buscado insertar con políticas como la ley «Papito corazón» o «Hijito corazón». Hay ahí una hebra a seguir que los podría llevar a una nueva filosofía de lo público. El fuerte reproche contra ellos no es porque hayan hecho todo mal, sino por el desajuste enorme entre lo que prometían hacer y lo que terminaron haciendo. Y también por el grado extremo de crítica contra todo y todos, previo al llegar al poder, al que acceden usando el caos como escalera, y el que dejan entre excusas y defensas mediocres».
¿Cómo va a ser recordado este gobierno?
«Es un gobierno de rebote postestallido que supo rebotar al volverse blando y flexible».
¿Por qué esta presidencia no fue capaz de controlar la migración irregular?
«Eso no es culpa exclusiva de ellos. Llevamos años de ineficacia en esa materia, y tomar control real de la frontera es un negocio tan terrible que pocos se atreven siquiera a enunciar lo que eso exige. Lo que sí pasa es que los frenteamplistas promovían y defendían esa ineficacia antes de llegar al poder. Nadie es ilegal, decían. Y mírenlos ahora».
En materia de empleo y crecimiento económico, ¿qué análisis hace de estos cuatro años?
«La izquierda cree más en el negocio político, pega a cambio de votos, que en el económico, que es pega a cambio de plata. Han inflado el Estado todo lo que han podido y han entorpecido el emprendimiento privado para darle trabajo a activistas y burócratas. Tienen a todos los amigos administrando un peaje para las inversiones en algún lado. Con esa mirada no llegaremos a ninguna parte. Es una receta para la pobreza, la informalidad y la corrupción. Ojalá alguna vez se inspiren en la China de Deng Xiaoping o en el Vietnam de Nguyen Van Lin, que impulsa las reformas capitalistas conocidas como Doi Moi».
«Estamos en un pantano hace más de una década»
«Al término del gobierno de Boric, Chile es más pobre y más inseguro, como alegan desde la oposición. Pero no es culpa exclusiva de Boric y su gobierno. Estamos en un pantano hace más de una década. Desde Bachelet II. El tema es que necesitamos ponernos de acuerdo en cómo salir de ese pantano, y la polarización a nivel de élites es tan extrema que se hace muy difícil un nuevo pacto de desarrollo. Y eso es lo que necesitamos, como bien lo ha dicho Oscar Landerretche. Cortarla con las ganas infantiles de ser históricos, y concentrarnos de una vez en la mejor administración posible de lo que tenemos, que no es poco, pero es cada vez menos», declara Pablo Ortúzar.