Marcelo Díaz vio al actor y su familia en el embarque en ciudad de Panamá
A Marcelo Díaz, periodista y fan de la Universidad de Chile, le gusta mucho viajar y el cine. Por eso, dice él, «siempre miro a la gente, sobre todo en aeropuertos fuera de Chile, por si veo a alguien conocido». El martes, mientras esperaba abordar un vuelo desde Ciudad de Panamá a Santiago, vio a Gyvens Laguerre, cantante de Reggaetón Boys, pero también le llamó la atención la siguiente escena. «De pronto llegó un carrito de aeropuerto con tres personas. De inmediato miré, porque el carrito nos pasó por al lado y vi que iba un hombre mayor, una mujer y un joven de unos veintitantos. Hace poco vi la serie El método Kominsky, donde Michael Douglas es uno de los protagonistas, así que sabía más o menos cuál es su aspecto actual. Lo miré, lo reconocí y lo confirmé más aún al ver a Catherine Zeta-Jones. Él estaba con unas zapatillas negras, un pantalón tipo trekking, polera y jockey. Ella estaba con zapatillas, un vestido largo, lentes de sol y sombrero».
Ya en el avión, observó que los actores y uno de sus hijos se sentaron en primera clase y que no los acompañaban guardaespaldas. Este miércoles, minutos después de la medianoche, aterrizaron en Santiago y ahí Marcelo buscó al actor, protagonista de varias películas que él ha disfrutado como «Atracción fatal», «Traffic» y «Un día de furia». «Al llegar a Chile, creí que se irían en carrito, pero a los pocos minutos de ir caminando, los vi nuevamente. Iban acompañados de una funcionaria del aeropuerto y ellos mismos llevaban sus bolsos. Me puse nervioso. Mi idea era pedirle una foto, pero no quería molestarlo ni ser invasivo».
¿Y qué hizo ahí?
«Para ver cuál era su humor, una vez que estuve a su lado mientras iba caminando, le dije en inglés señor Douglas, bienvenido a Chile, espero que lo pasen muy bien en nuestro país. Él respondió de inmediato, con una sonrisa, muy buena onda, muchas gracias y siguió caminando al lado mío. Le pregunté a qué parte iban y me respondió que su destino era la Antártica. Después de pasar los trámites, como ya me sentía su amigo por lo que hablamos antes, tuve el valor de pedirle una foto, pero mi esposa me dijo que le pidiera muy respetuosamente, preguntándole si era un problema. Así que le pregunté y accedió de inmediato. Catherine iba unos metros más atrás con lentes de sol y con la cabeza agachada, lo que daba la impresión de que no quería ser molestada».