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Autor de la Foto: CEDIDA
Título/Pie de foto: Esta fotografía es la última que envió Rodrigo. En ella figura en la zona norte de La Paz.
Selma Cánepa, su madre, perdió toda comunicación con su hijo el 4 de diciembre
El porteño Rodrigo Rivera fue a trabajar por un mes a la ciudad de La Paz. Tenía planeado volver a Valparaíso antes de Navidad.
Ignacio Molina
La mañana del domingo 9 de noviembre, Rodrigo Rivera Cánepa, un porteño de 24 años, se subió en Iquique a un bus con dirección a La Paz, en Bolivia. Un chileno residente en esa ciudad le contó por Facebook acerca de un trabajo de un mes con buen pago en el cual podía desempeñarse. Esta oportunidad laboral, cuenta Selma, su madre, era lo único que su hijo tenía. Ella le pagó el viaje y también lo fue a despedir al terminal. Fue la última vez que se vieron.
Y fue la última vez, también, que la hija de tres años de Rodrigo, quien acompañaba a Selma, vio a su padre. A la pequeña el papá le había prometido traerle una moto a batería para Navidad.
Días antes del viaje, el porteño había dejado de desempeñarse trasladando fruta en el Mercado Cardonal de Valparaíso pues las renumeraciones que recibía habían bajado. Ni siquiera contaba con dinero para subsistir en La Paz.
«Me dijo que no lo hiciera, pero yo le pasé todo lo que pude juntar. Le pasé 400 mil pesos en efectivo para sus gastos», comparte Selma. «Y desde entonces, hasta el jueves 4 de diciembre, todos los días había mantenido contacto con él. Hablábamos por Facebook y por WhatsApp. Mi hijo me mandaba fotos de los lugares que había conocido y también mensajes de voz contándome cosas de allá. Ese jueves perdí completamente el contacto con él».
Este fin de semana, cuenta Daniela, hermana de Rodrigo, recibió un mensaje de voz por WhatsApp de un chileno que compartió pieza con su hermano en la residencial de La Paz en donde éste alojaba. En el mensaje, que Daniela recuerda como «aterrador», le decían que a Rodrigo lo habían asesinado en una carretera de la zona norte de la capital de Bolivia después de una riña en una discoteque del mismo sector.
«Hasta la fecha de hoy lo único que he escuchado de mi hijo es que él está muerto. Nada más. Yo estoy muy desesperada con esto. No hallo qué hacer», cuenta Selma entre sollozos. La madre del chileno agrega que puso una denuncia en la PDI de Valparaíso por presunta desgracia.
«Usted no se imagina a todos los lugares que he ido. Fui a Carabineros, a la PDI, a la Fiscalía de Valparaíso, a la cancillería, a todo… y no he tenido ningún tipo de respuesta. De Bolivia tampoco me han llamado para decirme ninguna cosa. Estoy muy desesperada», dice.
-¿Qué fue lo último que habló con su hijo?
-Él me llamó el jueves 4 de diciembre y me dijo que tenía lista la moto a batería para su niñita. Que lo único que quería era volver a verla para entregársela.
Selma asegura que los chilenos que su hijo conoció en Bolivia le dijeron que en la pieza que él ocupaba en la residencial donde alojaba estaban guardados 200 mil pesos en un cajón. Y que sobre una silla figuraba una caja grande envuelta con una cinta roja.
«Ojalá todo esto que le comparto pueda tener algún efecto. Me refiero a que si mi hijo está preso, que esté preso. Y si está muerto, que me entreguen el cuerpo para poderle dar una sepultura y yo también, a la vez, poder descansar. Pero que me digan pronto qué pasó porque esto para mi es desesperante. Esperé a mi hijo en Navidad, esperé a mi hijo en Año Nuevo; y nada. Esto ha sido una cuestión espantosa. Yo estoy muy mal. Muy, muy mal. Esta incertidumbre me ha afectado de una forma terrible. Ya no sé qué hacer. Solo quiero saber qué fue lo que pasó con mi Rodrigo», dice.
LUN intentó comunicarse ayer con el consulado de Chile en Bolivia pero no obtuvo respuesta.


