Filósofa explica qué hay detrás de esta forma de protestar
El futbolista le pegó al actor en una historia de Instagram: lo trató de llorón y lo acusó de no ver seguido a sus hijos. No se lo perdonaron.
La entrevista que dio Benjamín Vicuña en «Podemos hablar» (Argentina), donde sinceró que es complejo el tema de la distancia con Amancio y Magnolia, los hijos que tuvo con China Suárez y que viven en Turquía, sacó toda la mala onda de Mauro Icardi, actual pareja de la actriz. El futbolista le pegó al actor en una historia de Instagram donde lo acusó de «llorar en TV» y de no interesarse en ver a sus hijos. Pero el chileno no andaba solo, como se dice, y sus compatriotas sacaron las garras.
Después de dos años de silencio, Chile decidió manifestar su malestar contra el futbolista: llenaron su Instagram con recetas criollas. El martes comenzaron a caerle miles de mensajes con preparaciones de lentejas, porotos con riendas, empanadas, pan amasado, entre otras delicateses nacionales.
Esta forma de demostrar disgusto comenzó en el Festival de Viña de 2020, cuando Adam Levine hizo un show con gusto a nada con su banda Maroon 5. Lo llamativo, esta vez, es la escala. En el caso de Icardi fue una ofensiva sostenida que saltó de post en post. Usuarios de otras nacionalidades, ajenos por completo al conflicto entre Icardi y Vicuña, empezaron a comentar sorprendidos, algunos entre risas, otros preguntando en serio si en Chile existe algún tipo de manual para protestar.
La filósofa Cristina Hernández explica qué pasa: «El gesto no busca convencer al ofensor. Icardi jamás va a leer esas recetas con atención, jamás va a hacer una cazuela en solidaridad con Vicuña. Pero no importa. El destinatario real nunca fue él. Somos nosotros mismos, confirmándonos entre comentaristas que seguimos siendo comunidad, que todavía sabemos reconocer cuándo alguien de los nuestros fue tocado injustamente».
¿Por qué insistimos con las recetas?
«Revela algo sobre nosotros como pueblo: que elegimos la comida como forma de justicia. El chileno no tiene rey, no tiene revolución pendiente, pero tiene algo mucho más poderoso que es la memoria colectiva del sabor. Cuando alguien ofende a uno de los nuestros, no sacamos pancartas, sacamos la receta de la abuela. Es una venganza sin violencia, una manera de decir tú me hiciste algo, y yo te voy a dejar seis pasos para hacer un buen charquicán. Como si el mejor castigo posible fuera obligar al ofensor a entender, aunque sea por un segundo, cómo se vive acá».
Claro, no le dejan un par de garabatos.
«Eso es lo filosóficamente delicioso, porque el arma elegida no es la violencia ni el insulto, es el cariño convertido en arma. Es imposible bloquear una receta de cazuela. Es absurdo denunciar un consejo sobre cómo hacer sopaipillas. El chileno descubrió que la ternura, cuando se repite diez mil veces, se convierte en el mejor signo de protesta».
Desde el lado del espectáculo, el periodista argentino Javier Sinai (ex revista «Rolling Stone») cree que «no es que Benjamín sea perfecto ni que no tenga lo suyo, es que la gente sintió que Icardi le pegó justo donde más le duele a un tipo que ya perdió lo que nadie debería perder. Por eso el cariño hacia él no es de fan, es de comunidad que lo vio llorar. No defienden al actor, defienden al papá».


