Biólogos advierten que la población se redujo a menos de la mitad en poco más de 20 años
Escenario crítico apura medidas reales de protección y monitoreo.
La población del pingüino de Humboldt en Chile cayó de cerca de 45.000 ejemplares a fines de los años noventa a menos de 20.000 en 2025, según investigadores de la Universidad de Concepción. La cifra consta en el estudio «Abundancia, distribución y valor socio-ecológico del pingüino de Humboldt (Spheniscus humboldti) en la Península de Hualpén», disponible en el repositorio institucional de la UdeC (https://surl.li/cavrlk). Chile concentra alrededor del 80% de la población mundial de esta especie endémica del Pacífico sudamericano.
Esta declinación, respaldada por datos científicos, llevó al Ministerio del Medio Ambiente a reclasificar a la especie como «en peligro», una categoría que reconoce un alto riesgo de extinción en el corto plazo y exige estándares más estrictos en protección, monitoreo y evaluación de proyectos que puedan afectar su hábitat.
Según los investigadores consultados para esta nota, el pingüino de Humboldt nidifica en islas rocosas y acantilados costeros asociados a la Corriente de Humboldt. La disponibilidad de alimento -en especial anchoveta y sardina- y la seguridad de las colonias resultan claves para su éxito reproductivo. Sin alimento ni lugares seguros para criar, la población disminuye en el tiempo.
Medidas urgentes
La evidencia científica describe amenazas múltiples y acumulativas. Investigaciones desarrolladas por la Universidad de Concepción detectaron metales pesados, microplásticos y contaminantes emergentes en el entorno de colonias de pingüinos. Estos compuestos, presentes en el hábitat y en su cadena trófica, se suman a la pérdida de hábitat, la presión pesquera y los cambios climáticos.
En el plano de la conservación, Alejandro Buschmann, biólogo del Centro i~mar de la Universidad de Los Lagos, plantea que las acciones deben evaluarse con datos objetivos y resultados medibles. Advierte que la protección formal no basta si no se comprueba su efecto. «Se debería aumentar el número de lugares de nidificación protegidos y monitorear si eso eleva el éxito reproductivo, en otras palabras, la existencia de un mayor número de polluelos que llegan a etapa juvenil», señala.
Buschmann también apunta al manejo activo de la especie como herramienta complementaria. «Los pingüinos pueden ser mantenidos en sistemas de reproducción para asegurarse la producción de huevos, obtener polluelos bien alimentados y luego marcarlos y liberarlos en zonas donde sus poblaciones han disminuido más fuertemente».
Una presión humana
Agostina Rossi, bióloga experta en biodiversidad de Greenpeace Andino, amplía el mapa de amenazas: no existe un factor aislado, sino una combinación de impactos humanos que se empujan unos a otros. «Más del 80% de la población chilena se concentra en un mismo archipiélago, lo que vuelve a la especie extremadamente vulnerable a cualquier perturbación local», señala.
Rossi subraya la necesidad de aplicar con rigor instrumentos de evaluación ambiental. «Proyectos que incorporan infraestructura portuaria, aumento del tráfico marítimo o alteración de rutas de alimentación, en zonas cercanas a colonias reproductivas, incrementan el riesgo de impacto irreversible sobre la especie».
También advierte que sin datos abiertos no se puede evaluar la efectividad de las políticas. «Sin monitoreo científico permanente, independiente y con acceso público a los datos, no es posible evaluar si las medidas de protección están funcionando o no».


