En estos dos meses sale de la ciudad casi la mitad de la población
Se estima que un 20% del parque vehicular sale de la capital durante enero y febrero.
Las caras de Santiago van cambiando a medida que avanza el año. Mientras en enero y febrero se muestra como una ciudad calurosa y verde, pero tranquila y despejada; entre marzo y diciembre es todo lo contrario: la urbe se viste de un intenso gris, mientras las temperaturas caen y la boyante actividad puede ser agobiante.
«No sé si en verano sea una mejor ciudad, más bien diría que es una ciudad distinta, que es una ciudad a otro ritmo», comenta el periodista Rodrigo Guendelman, fundador de la plataforma «Santiago Adicto», quien cree que la tranquilidad capitalina se debe a que hay menos gente.
«No hay tacos y prácticamente no hay contaminación. Hay mucho más silencio y todos los espacios están más desocupados. El Metro fluye, el auto fluye y eso hace que en su ritmo, Santiago se parezca más a las ciudades de provincia que a una gran urbe», apunta.
Algo parecido cree Américo Ibarra, profesor asociado de la Facultad de Arquitectura y Ambiente Construido de la Universidad de Santiago. «Este descenso en la movilidad cotidiana se traduce en menores niveles de congestión, reducción de tiempos de viaje y disminución de emisiones contaminantes, lo que impacta positivamente en la calidad de vida de los contribuyentes y ciudadanos del Gran Santiago».
Pero este descenso tiene dos dimensiones. Por una, está la salida de las personas a regiones. «Se estima que durante el periodo estival Santiago enfrenta una disminución significativa en el uso del transporte público, con reducciones entre el 20% y el 25% en validaciones de Metro, debido a las vacaciones y menor actividad laboral», comenta.
Por la otra, está la salida de vehículos. «La menor presión sobre las vías y el transporte público permite un desplazamiento más expedito, mejora la percepción de seguridad vial y favorece el bienestar urbano al disminuir la exposición a ruido y contaminación», agrega.
En suma, asevera, «la baja estacional en la demanda de transporte constituye un respiro para la ciudad, generando condiciones más sostenibles y saludables para quienes permanecen en la capital durante el verano».
No podría ser de otra manera, considerando la cantidad de automóviles que salen de la ciudad.
Según el prefecto de tránsito Metropolitano Carlos Cortés, «durante el verano salen de la capital entre 700.000 y 1.000.000 de vehículos, de un universo aproximado de 5.000.000 de unidades».
Mejora pendiente
Para descubrir cuál es la cantidad aproximada de gente que sale de Santiago durante el periodo estival, Ariel López, ingeniero en Transportes de la Universidad de Chile, hizo una proyección cruzando los datos de Sernatur (Servicio Nacional de Turismo), con los de la compañía de telecomunicaciones Entel, capaz de determinar hacia dónde se mueven sus equipos durante todo el año.
De acuerdo al Censo 2024, Santiago tiene poco más de 7.400.000 habitantes y «durante enero salen 3.400.000 personas, mientras que en febrero lo hacen 3.900.000 personas, lo cual muestra que la ciudad reduce casi a la mitad su población durante las vacaciones de verano».
El problema, según López, es que a pesar de que baja considerablemente el flujo vehicular, la programación de los semáforos sigue siendo la misma que el resto del año.
«Esto perjudica a las personas, debido a que tienen que esperar tiempo demás en las luces rojas, sobre todo cuando el flujo es bajo o inexistente por la otra calle», dice el ingeniero, quien explica que esos segundos «además de hacerle perder tiempo, son especialmente perjudiciales para los peatones, quienes deben esperar de pie en una luz roja bajo el sol».
Considerando las olas de calor y el bajo flujo vehicular, «una medida de bajo costo y fácil implementación que pudiera realizar el ministerio de Transportes, es reducir los ciclos de los semáforos a la mitad, de esta forma, el tiempo de espera se reduce a la mitad, beneficiando a todos, pero especialmente a los peatones», propone el ingeniero.
Esto «no solo mejoraría las condiciones de los peatones durante el verano, sino que evitaría que las personas se recalienten esperando bajo el sol, y haría mas confortable recorrer y turistear por Santiago a pie», finaliza.
«No hay tacos y prácticamente no hay contaminación. Hay mucho más silencio y todos los espacios están más desocupados», Rodrigo Guendelman, fundador de Santiago Adicto.


