Claudia, la forense del Médico Legal que trabajó en tres tragedias del 2010

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Trata de mantenerse al margen del drama, para que no afecte su trabajo, pero es muy difícil

Uno aprende a bloquear la angustia. A no dejar entrar el dolor, dice. Igual, después de identificar cuerpos del choque en la carretera entre San Antonio y Santiago, ahora le da miedo subirse a un bus.

Claudia Bravo, luego de 20 años ejerciendo como doctora, decidió hace cuatro dar un giro y pasar del lado de los que salvan vidas al de los que trabajan con la muerte.La tanatóloga del Servicio Médico Legal tuvo que identificar muertos en tres grandes dramas del 2010: ejercía en Rancagua cuando ocurrió el terremoto, para el accidente del bus en la Autopista del Sol se desempeñaba en Melipilla y por el incendio en San Miguel prestó apoyo en Santiago.

«Los desastres siempre pueden ocurrir. Siempre hay catástrofes naturales y pueden pasar cosas de otros tipos. Aun así, no sé si una sucesión de cosas tan terribles como la de este año se repita», cuenta.

-¿Cómo viviste las tragedias?

-Es una pega que conlleva una carga importante, porque trabajas con la muerte y en contacto con el dolor de otros. No sufres como los familiares, pero igual tienes empatía por lo que están pasando. Hacemos trabajo para que no nos afecte. Si no fuera así, no podríamos trabajar acá

-¿Qué dificultades se encontraron en cada situación?

-Las primeras horas de un desastre son las más estresantes, porque es cuando vas viendo si el sistema funciona. En Rancagua trabajamos a 8 fallecidos. No había luz y lo hicimos con luz natural. Por suerte había agua. Sin ella no hubiéramos podido trabajar. En el accidente de Melipilla la dificultad era porque era un servicio muy pequeño, con 18 muertos. Pero por el tipo de fallecimiento, lejos el más complejo es el de la cárcel.

-¿Qué pasa cuando llegas a casa después de ver cosas tan terribles?

-Quedas muy cansado. Después viene el bajón. Anímicamente uno va aprendiendo a que hay mecanismos protectores para manejar tanto dolor. Uno aprende a bloquear la angustia. A no dejar entrar el dolor. Pensar que soñamos con esto es como mito.

-¿Qué se te viene a la cabeza cuando escuchas que hay otra tragedia?

-El día 8 de diciembre tenía la tele prendida y cuando dieron la primera noticia yo pensé»no puede ser, no puede estar pasando, no podemos tener tanta mala suerte». La realidad siempre supera a la ficción.

-¿Te impactó algún caso?

-Uno en particular, en el accidente del bus. El de un padre de familia que tenía hijos grandes que estaban en la universidad, algo muy similar a mi realidad. En ese caso yo tuve que hablar con su familia. No lo había procesado, pero después de trabajar en el accidente ya no me subo a uno. Me da miedo subirme a un bus y eso es un efecto colateral. De hecho, como forma de trabajar el dolor, yo me olvido de los nombres de las personas, pero el de él todavía lo recuerdo.

 Terremoto
«En Rancagua trabajamos a 8 fallecidos. No había luz y lo hicimos con luz natural. Por suerte había agua. Sin ella no hubiéramos podido trabajar»Accidente Autopista del Sol
«Después del accidente, en el equipo había muchas desconcentraciones, dificultades para conciliar el sueño. Aunque quieras, no puedes evitar que te afecte»

Incendio en la cárcel
«El miedo que da es entregar un cuerpo a otra familia. Por eso había que ser bastante meticuloso y eso aumentó la adrenalina y el estrés»

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