El comentarista deportivo es figura en El internado
En el reality de Mega se avergonzó de un huevo frito todo desarmado que hizo, pero enmendó con otra variación. En la prueba física se lució.
De un tiempo a esta parte, Fernando Solabarrieta dejó de sentirse orgulloso de sí mismo. Pasó momentos oscuros, que él mismo ha reconocido, por culpa de sus adicciones. Desde Perú, donde está participando en ‘El internado', su voz da cuenta de que gracias a un huevo pochado y subir una escala colgante de 25 metros está viviendo su redención.
Los últimos días en su casa, antes de entrar al encierro en el reality de Mega, tenían algo ansioso al comentarista deportivo. Y como él pensaba que los 20 competidores se batirían sólo en la cocina dio algunos pasos culinarios junto a su hijo Nicolás antes de entrar. ‘Practiqué hacer huevo frito con mi hijo, pero no salió muy bien', rememora. Corte: la primera prueba del capítulo inicial que se veía este lunes incluía realizar cuatro preparaciones con este alimento.
En un relato de corte deportivo, Solabarrieta comenta su jugada: ‘Fue una prueba larga y la primera variante era hacer un huevo frito. Dije: no tengo nada que hacer acá. Me quedó horrible, vergonzoso (medio tostado y con la yema reventada y cocida). Pensé que no podía ser, que mis hijos me estaban mirando afuera'.
¿Y cómo repuntó?
‘En la última preparación, la más difícil, fue hacer un huevo pochado. No tenía idea cómo se hacía y acá me voy a agrandar: mi intuición fue sacarlo en el momento exacto. Decían, quedan tres minutos y todos esperaban hasta el final. Pensé voy a sacarlo antes y arriesgo la vida nomás. Le encontraron la cocción perfecta'.
¿Cómo vivió ese momento de gloria?
‘Fue reafirmarme, porque dije: yo no sé, pero no tengo miedo a la prueba. Por respeto a mis rivales, al público, a mi familia, vengo a aprender y quiero dar mi mejor esfuerzo'.
Vivió otro momento importante: la prueba física.
‘Aunque tengo 54 años me voy a demostrar a mí y se lo voy a demostrar a mis hijos y a mi mujer que yo puedo, que su papá va a ser un aporte. Gracias a eso pude subir y bajar una escalera colgante de 25 metros. Al décimo peldaño ya no sentía mis brazos, pero seguí igual'.
¿Qué le pasa al verse así?
‘Por ahora en la cocina no puedo ayudar mucho al equipo, pero en la prueba sí podía. Y aquí me pongo un poco serio: antes de entrar, por mi enfermedad, había perdido muchas de las cosas que me caracterizaban y estando acá esto es un reto diario, un desafío y yo acá he vuelto a sentirme vivo'.
¿Tanto así?
‘He vuelto a sentir ganas de competir, ganas de hacer televisión, de comunicar. Esto es terapéutico para mí. Participar en un reality es más que farándula, es desafiarte y ganarle a tu propio destino. Me emociono porque digo: esto lo pude hacer y ahí empiezo a recuperar las ganas de vivir'.
¿Por qué se la juega?
‘Me la juego toda, en principio, en términos personales, por volver a ser quien fui. Y me está pasando al abrirse esta opción de una etapa muy sanadora para mi vida. Luego por mi equipo, soy muy colectivo y, al mismo tiempo, para que mis hijos se sientan orgullosos de mí'.


