Cómo es la vida en un edificio envuelto con publicidad

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Gigantografías ya son parte del paisaje urbano

Cada vez más vecinos ofrecen sus fachadas para la difusión de marcas. A cambio, consiguen importantes manitos de gato para sus viviendas.

Don Juan Mela vive en el piso 18 de una de las emblemáticas torres de Carlos Antúnez con Providencia. Coronel retirado del Ejército, asumió por varios períodos la titánica presidencia del comité de administración de una comunidad compuesta por 1.500 vecinos y trescientos propietarios. O sea, un pueblo entero distribuido en 27 pisos. Una de las misiones que se autoencomendó durante su gestión fue visitar varios edificios vestidos con publicidad para saber cómo operaba el negocio de la publicidad en grandes formatos, qué significaba vivir con una malla en la ventana por varios meses y lo más importante, qué beneficios le reportaría a su comunidad colgar un mega aviso en la torre.
Hoy, las ventanas de don Juan están cubiertas por una gigantografía de aproximadamente 400 metros cuadrados y su única queja es que la luz matizada no es la apropiada para trabajar: «El computador lo prendo a las seis de la mañana y algo pasa con la luminosidad que hace que la pantalla brille más, es que uno está acostumbrado a la transparencia total», acota el productivo hombre de 82 años.Providencia no da permiso

Los edificios ubicados en puntos estratégicos de La Alameda, Providencia, Apoquindo, Las Condes y Vitacura son muy cotizados por las empresas que quieren lanzar sus productos nuevos. El atractivo de instalar publicidad en estos puntos está directamente relacionado con la cantidad de personas que la ven cuando pasan por la calle, pero instalar una gigantografía no es sólo un asunto de voluntad, cada municipalidad tiene ordenanzas claras al respecto. José Luis Rosales es socio de Panoramicca, empresa encargada de la publicidad de gran formato instalada en la torre de Carlos Antúnez y cuenta que para conseguir el permiso de la Municipalidad de Providencia estuvo tres años en conversaciones con la Dirección de Desarrollo Comunitario, hasta conseguir que se aprobara como proyecto de ayuda social: «En la comuna hay mucho edificio antiguo habitado por adultos mayores, así que el año pasado se modificó la ordenanza y se abrió la posibilidad de favorecer a los edificios en peores condiciones. Pero este es un permiso para una sola vez», aclara. En cambio, la Municipalidad de Santiago es mucho menos restrictiva en estas iniciativas, Rosales detalla: «Ellos crearon un departamento especial que busca edificios y los ofrecen para recuperar sus fachadas». Además, es la alcaldía que menos cobra por concepto de publicidad. Al mes, le exigen a las empresas alrededor de $3.500 por metro cuadrado de gigantografía. En cambio, Vitacura recauda más de $20.000 por el mismo concepto, lo que ahuyenta a gran parte de los avisadores.
Ascensores nuevos

Como es común en estos casos, los diez millones de pesos recaudados por dos meses de publicidad en la torre de Carlos Antúnez van directamente al fondo de reserva de la administración y están destinados a amortiguar los 95 millones de pesos que le va a costar a la comunidad renovar los 4 ascensores que movilizan a esta mini ciudad.

No sólo el brillo en la pantalla del computador atormenta a don Juan: «Cuando terminaron esta instalación homérica, fui a ver cómo había quedado y encontré que se veía muy bonito pero me di cuenta de que habíamos cobrado muy barato», reflexiona.


Las antenas de celulares son más complicadasEl abogado especialista en copropiedad inmobiliaria José Manuel Figueroa Valdés, explica los conflictos más comunes que genera aceptar que se instale publicidad de gran formato en los edificios: «La queja principal de los vecinos es por la falta de luz natural en el día y por los focos que iluminan el cartel de noche. Los propietarios que se sienten más perjudicados pueden contar con beneficios especiales, como la rebaja en los gastos comunes o la condonación de los mismos». Y aclara: «Ésta es una buena solución para las comunidades que necesitan realizar arreglos, ya que es temporal y bien pagada. No pasa lo mismo cuando a algún edificio se le ofrece instalar una antena de celular, ahí el tema es mucho más complicado por la discusión sobre si la radiación perjudica o no a las personas y los contratos son por diez años». Según el especialista, los propietarios pueden llegar a cobrar 8 millones de pesos anuales por antena y se puede instalar más de una. A pesar del monto fijo asegurado por diez años, Figueroa aclara: «Aunque es más llamativa, es mejor negocio la gigantografía».

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