A los 11 años Alex Batty vivía en Reino Unido junto a su abuela, quien tenía la custodia, pero su madre se lo llevó fuera del país y no regresaron.
El domingo 10 de diciembre Alex Batty salió de su casa en los Pirineos, en Francia, con destino a Gran Bretaña. Hoy tiene 17 años y a los 11, el año 2017, cuando vívía en Manchester, su madre y su abuelo se lo llevaron de vacaciones a Marbella, España. Jamás regresaron y no dejaron ninguna pista sobre su paradero. Pero estaba la tincada de que su madre se lo había llevado a una comunidad espiritualista, de esas apegadas a la vida en la naturaleza, comunidades medio animistas.
Ese domingo, Alex abandonó su aislamiento, ya que quería tener documentos británicos para poder ir a una escuela. Tras cuatro días caminando, Fabien Accidini, un francés que repartía remedios en la zona de Revel, al este de Toulouse, lo vio de ida, bajo la lluvia, y de vuelta, todo mojado. Le inspiró confianza e invitó a Alex a subirse a su vehículo.
En declaraciones al diario local «La Depeche», Accidini comentó: «Cuando pasé por segunda vez, decidí ofrecerle llevarlo a algún lugar… Era alto y rubio, vestía pantalones negros y un suéter blanco. Llevaba una mochila y un monopatín bajo el brazo. Su actitud me transmitió confianza. Al final, se subió a mi camioneta».
Y sumó: «¡Estuvimos hablando por más de tres horas! De inmediato, me reveló su verdadera identidad, Alex Batty, y luego me contó su historia».
La policía francesa corroboró que Alex es quien dice ser. Y este domingo 17 de diciembre, después de seis años, regresó por fin a Manchester, Gran Bretaña, para reunirse con sus familiares, especialmente con su abuela, Susan Caruana, quien tenía la custodia del muchacho cuando desapareció.
Dónde estuvo
El otoño del año 2021 en el hemisferio norte, Alex, junto con su madre y abuelo, llegaron a la hospedería Gite de la Bastide buscando un lugar donde quedarse. El abuelo, David Batty, encontró trabajo en dicha cabaña para labores del jardín y apoyo en la cocina, a cambio de comida y un lugar donde quedarse con su nieto. En cambio, Melanie Batty, madre de Alex, no se quedó, quería irse a vivir a una comunidad espiritualista.
El caso es que Frederic Hambye y Ingrid Beauve, propietarios de la hospedería, le tomaron cariño a Alex. Lo trataban como un miembro de la familia.Tenía acceso libre a internet, incluso al refrigerador de la casa. Lo llevaban a cicletadas, paseos a la playa y al río. Alex se quedaba con ellos semanas.
«Tenía su habitación propia, podía ir y venir cuanto quisiera. Disfrutaba mucho compartir los platos que se servían en la casa: estofado de ternera, pastel de chocolate, pasta boloñesa y preparaciones vegetarianas», contaron Hambye y Beauve», citados por el diario «Daily Mail».
«No teníamos autoridad de padres considerando que su familia vivía en la región, pero lo alentábamos a estudiar y aprender inglés», contaron sus padres postizos.
También pasaba tiempo con su madre en alguna de las comunidades remotas en los Pirineos, donde ella participaba junto con su abuelo. Acostumbraba a reunirse con ella los domingos en alguno de los muchos mercados que hay en los valles de los pueblos de los Pirineos.
Hambye y Beauve lo llamaban «Zach», y declararon que solo se enteraron de su verdadera identidad a través de la prensa.
Y sumaron: «Los domingos nos acompañaba al mercado a comprar sánguches de atún y a juntarse con su madre. Era parte de nuestra familia y tenía buena relación con nuestros hijos. A veces se iba para estar con su madre en distintos lugares. No teníamos mucho contacto con su madre».
Y dijeron: «Nosotros le reiteramos que él era bienvenido en nuestra casa».
Su abuela, por su parte, declaró: «No puedo esperar a expresar mi pena y alegría porque apareció».


