El pan para seguir existiendo ha debido hacer malabares en el amasado y el horneado.
Peor es la palabra en inglés: «shrinkflation». En la jerga de los economistas la palabreja explica que, frente a la inflación generalizada en todo el mundo, se ha vuelto común que algunos empresarios, fabricantes y distribuidores de bienes tomen el hábito de reducir el tamaño, el peso o la calidad de un producto, conservando el precio. Como decían nuestros abuelos -que sí sabían explicarse con claridad-, «hacen una docena de diez».
Querido lector, es posible que sin darle importancia le parezca que el papel higiénico o la pasta dentífrica se están acabando en su casa más rápido que antes. Es una sensación, no una certeza. Ahora bien, tómese la molestia de mirar con cuidado la próxima vez que vaya de compras de todo tipo, a la feria o a un local comercial. Allí dele una cuidadosa mirada a los productos. Esos hermosos pimientos conservan su precio, pero ya no son tan vigorosos como ayer. Y el puerro puede que se vea como antes? pero ahora cuesta $4.000.
Empiece su investigación: observe el cuello de las botellas de bebida. Descubrirá que tienen un escote nunca visto: ¡cuánto han disminuido algunas aguas endulzadas si las comparamos con el pasado reciente!
El fenómeno se repite en los más variados rubros. Las galletas son más pequeñas, las empanadas más enjutas, las tortas más sencillas. El pan mismo, para seguir existiendo, ha debido hacer malabares a la hora del amasado y del horneado. La descarnada mano de la reduflación ha tocado una cantidad de productos que no sospechamos siquiera.
Por cierto, la comida no se libró de esta solapada conspiración que se instaló a lo largo y ancho de la economía. Mayormente para sobrevivir, en algunos casos para ganar algo más. En el mundo, Francia encabeza la reacción frente a esta famosa medida, con carteles de advertencia en algunas tiendas. Si bien el comercio se ve realmente afectado por la inflación, la idea del juego leal es que informe a su clientela de que ahora recibe menos y ya no es la misma cantidad, aunque el envase lo simule. La medida anti reduflación parece justa.


