Roberto Rojas recuerda su rivalidad con Superman en el arco de la U
Sólo me faltó tener 15 centímetros más de altura, señala Rojas acerca de su carrera como arquero.
Roberto Rojas Mercado cuenta que una vez, siendo arquero de la U, no llegó a un partido simplemente porque estaba celebrando con sus amigos.
«Fue cuando vino Lazio a jugar un amistoso a Chile», recuerda Tomatín. «Ese mismo día me entregaban el título de educación física en la universidad y el compromiso era que yo iba a la ceremonia y volvía al partido. Pero me quedé celebrando con mis compañeros de curso, nos tomamos un par de pisco sours y de repente recibí el llamado del profe César Vaccia preguntando por qué no había llegado a la hora convenida. Le dije la verdad y, claro, me retó. Pero al otro día, cuando volví a los entrenamientos, más que castigarme me subieron y bajaron a tallas no más».
Usted en la U compartió arco con Sergio Vargas. ¿Cómo era trabajar con él?
«Para ser sincero, uno trabajaba en un arco y el otro en otro arco. No nos caíamos bien. Me caía pésimo, en verdad».
¿Por qué?
«Era algo de piel. No nos podíamos ni cruzar. Entendíamos esto de la relación entre compañeros de manera distinta».
¿Tuvieron altercados serios?
«Sí, con Vargas nos pegamos un par de aletazos alguna vez».
Y hoy, cuando se lo cruza, ¿se saludan?
«No sólo eso: nos damos un abrazo y hasta nos reímos de lo que vivíamos en esa época. Además, ahora reconozco que él me hizo más profesional. Él trabajaba como bestia y yo, por igualarlo, empecé a hacer lo mismo».
¿Quiénes eran sus referentes en el arco?
«Cuando chico, mi papá me llevó a ver el partido entre Palestino y Guaraní por la Copa Libertadores (1979) y quedé prendido con el Loco Araya. Lo miré a él todo el partido. También tuve la posibilidad de ver a Marco Cornez en la Católica. Él conocía todos los secretos de un arquero. Un fenómeno».
Usted ganó títulos y se mantuvo en buen nivel por harto tiempo en varios equipos. ¿Qué le faltó para llegar más alto?
«Sólo me faltó tener 15 centímetros más de altura. Yo fui como Juanito Olivares, que medía 1.70 pero decía que llegaba a 1.80. Yo, empinado, llegaba a esa altura. Igual siempre me alabaron porque era ágil y eso suplía mi falta de centímetros. No deja de ser un halago y por eso no quedé disconforme con mi carrera».


