El investigador Ernesto Guajardo publica libro que reúne historia y leyenda
El autor entrega un completo retrato de ese héroe independentista, en cuya figura coexisten con igual fuerza los relatos orales y las pruebas escritas.
Hay gente que juega fútbol en nombre de Manuel Rodríguez. Otra apaga incendios con su respaldo simbólico o se reúne a buscar soluciones para los problemas de su barrio invocando su figura.
Por qué los chilenos rinden homenaje a ese héroe cuando llega el momento de bautizar asociaciones que no tienen fines ni académicos ni políticos es una pregunta que se ha hecho desde hace tiempo el investigador Ernesto Guajardo, y que intenta responder en el libro Manuel Rodríguez, historia y leyenda .
Publicado por Ril Editores, el volumen parte advirtiendo al lector que no todo lo que cree saber sobre este aguerrido independentista, gurú del disfraz y amante inagotable, ha sido probado.
«En Rodríguez coexisten la tradición oral y la historia escrita mucho más que en el caso de otros héroes emblemáticos como Arturo Prat, O'Higgins e incluso Lautaro», comenta Guajardo, quien en su publicación compila artículos y documentos pertenecientes a ambas fuentes con el objetivo de retratar al guerrillero de la manera más completa posible.
-¿Ha perjudicado el mito a Rodríguez?
-Absolutamente. Lo transformó en una especie de superhéroe que actúa por sobre circunstancias históricas. Se perdió su pensamiento y el personaje quedó reducido a un anecdotario que se remite al periodo de la Reconquista. La leyenda que se construyó en torno a él pertenece a ese periodo, su época de montonero.
-¿Cuánto es verídico dentro del imaginario que los chilenos manejamos?
-Hay elementos efectivamente históricos, como su ingreso clandestino a Chile, el establecimiento de una red de correos y enlaces, la recepción clandestina de armas y dinero, y el envío de información a Argentina. Hubo muchas otras personas que realizaron acciones tan osadas o audaces como las de Rodríguez, pero esas historias se condensaron en él.
-¿Por qué?
-Fue un hombre muy conocido antes de la Reconquista, cuando empezaba a hacer carrera, y gozaba de simpatía en algunos estratos. A esa condición de cierta fama se sumó el hecho de que fue asesinado, a los 33 años, y de que su cuerpo desapareció por 76. Eso exacerbó su figura, que ya ejercía cierto encanto.
-Es decir, se acentuó el mito.
-Claro. Rodríguez es nuestro primer ejecutado político y desaparecido, y estamos hablando del siglo 19. Durante 76 años no hubo una tumba en torno a la cual hacer un acto, si no oficial, comunitario. Se supone que su cuerpo estuvo siempre en la capilla de Til Til y a finales del siglo 19 se extrajeron los restos. Desde entonces existe un debate acerca de si son o no los suyos.
-En su leyenda, ¿cuál es el episodio más célebre y con menos asidero?
-Cuando le abre la puerta de la calesa a Marcó del Pont, quien no lo reconoce e incluso le da una moneda. No hay nada que nos pueda hacer pensar que eso pasó efectivamente. Es una anécdota que sirve para la enseñanza básica, pero que se reitera luego en trabajos que se suponen serios.
Liberal, universitario y citadino
La intervención de Manuel Rodríguez en la Batalla de Maipú es uno de los episodios que, según Ernesto Guajardo, están respaldados históricamente, aunque otros autores sostengan que ni se asomó a ese escenario de lucha.
«Me parece que existen pruebas documentales para afirmar que sí participó, aunque tardíamente y en un rol secundario», explica Guajardo, quien también describe al protagonista como un héroe transversal.
«Fue liberal, perteneció a los sectores medios, tenía estudios universitarios y era citadino. Pero en el proceso independentista se acercó también a los sectores populares y rurales», afirma.


