Startup Tachi, de Coquimbo, investigó la Chlorella vulgaris y desarrolló producto
Han aplicado su solución en 400 hectáreas destinadas al cultivo de frutas para exportación, como uvas, mandarinas y arándanos.
A partir de microalgas de agua dulce, los fundadores de la empresa científica Tachi desarrollaron bioestimulantes para la agricultura. En el último año, la startup de Coquimbo ha aplicado su solución en 400 hectáreas destinadas al cultivo de frutas para exportación, como uvas, mandarinas y arándanos, en regiones como Antofagasta, Atacama, Coquimbo, Maule y Biobío. En los últimos seis meses, han superado los $40.000.000 en ventas.
Johanna Contreras, una de las fundadoras de Tachi, explica que «nosotros cultivamos la Chlorella vulgaris, una microalga de agua dulce, en estanques de 1.000 litros. Escalamos su reproducción desde el laboratorio hasta los estanques y hoy tenemos 22».
«La Chlorella vulgaris se inyecta viva en los sistemas de fertirriego y busca mejorar los suelos muy degradados, regenerándolos de forma biológica», añade.
Explica que la microalga viva ingresa por el sistema de fertirriego y llega a la rizosfera, zona en la cual viven las raíces. Esta microalga activa microorganismos beneficiosos, aporta compuestos bioactivos y ayuda a retener la humedad, mejorando la estructura del suelo. Pese a que parte de las microalgas desaparecen con el tiempo, entregan al suelo carbono orgánico, biomasa y actividad microbiológica.
«En un principio, pueden usar nuestro bioestimulante con fertilizantes, pero la idea es disminuir el uso de fertilizantes hasta en un 50%, o eliminarlos», señala Contreras, licenciada en Pedagogía en Biología, quien desarrolló Tachi junto a Carlos Araya, doctor en informática.
Dentro de los parámetros de evaluación que aplica Tachi para ver los resultados de su bioestimulante están la formación de nuevas raíces, el crecimiento del fruto, la mayor retención de agua en el entorno radicular, la mejora en las condiciones del suelo y la disminución del impacto de las sales.
Claudia Bonomelli, doctora en ciencias de la agricultura y profesora de la Facultad de Agronomía y Sistemas Naturales UC, señala que las algas mencionadas ayudan al desarrollo de las plantas, pero advierte que se debe tener precaución, porque no reemplazan los fertilizantes (ver recuadro).
Tachi ha sido respaldada por CORFO y forma parte de los portafolios de Socialab y Climatech. Actualmente, participa en redes como Agrotech Studio, Climatech Chile y ChileMass, y está en proceso de obtener su certificación orgánica.
Región de Atacama
Héctor Llusco es administrador de Agrícola Dos Hermanos Limitada, que posee 27 hectáreas de cultivo de uva de mesa de exportación y alrededor de tres hectáreas de paltos, estos últimos destinados al consumo interno, en la comuna de Alto del Carmen, Región de Atacama.
«Buscando aplicar productos naturales, se nos presentó esta alternativa de las microalgas desarrollada por Tachi. Las utilizamos mezclándolas con agroquímicos para plagas, como el control del oídio de la vid, entre otras. Desde mediados de 2023, las aplicamos vía riego tecnificado y, vía foliar, entre agosto y octubre de 2025», comenta Llusco.
«Hemos reducido el uso de fertilizantes en un 50%. Todavía no lo podemos eliminar absolutamente, porque sería un riesgo enorme», agrega.
Llusco enfatiza que «el potencial nutritivo del suelo se ha alterado por el uso de fertilizantes. La idea es que las microalgas ayuden a regenerarlo, pero para eso hay que observar cómo evoluciona».
Dice que el acceso al agua que tiene actualmente le impide aumentar las hectáreas productivas.
«El negocio de la uva de mesa ha estado muy complicado. Estos últimos tres años no ha tenido buenos retornos, por la competencia de la producción peruana», afirma.
Además, Llusco desarrolla temporalmente pimentones rojos y verdes para venderlos en el mercado nacional, y ha aplicado la solución de microalgas desde 2025.
«Los pimentones son plantas temporales: envejecen en el mismo año en que se plantan y su periodo es muy corto. He visto mejores resultados en este cultivo, especialmente cuando el pimentón está estresado, lo que impide el desarrollo de sus hojas. Por ejemplo, con el bioestimulante de Tachi las raíces crecen considerablemente, traduciéndose en un buen fruto. Los errores en el manejo de los cultivos temporales se notan más porque son plantas que tienen ciclos cortos», explica.
El oasis de Camar, perteneciente a la comuna de San Pedro de Atacama, es conocido por su producción de tomates. Israel Vélez, ingeniero agrónomo y encargado del programa Atacama Tierra Fértil de Nova Andino Litio, presta asesoría técnica y desarrolla proyectos de fomento productivo para los agricultores de la zona.
«El tomate con el que trabajamos es de la comunidad de Camar y, dentro de nuestra labor, está trabajar -desde hace tres años- con el tomate local, que no es híbrido; su semilla no es introducida y, por tal motivo, se parece mucho al limachino. Algunos lo cultivan para su consumo, otros lo venden e incluso un grupo lo utiliza para hacer salsa», dice Vélez.
Añade que «nos enfrentábamos a una baja productividad y alta mortalidad de plantas por presencia de fitopatógenos en el suelo. Participé en unos cursos y conocí el bioestimulante. Posteriormente, compramos el sustrato que alimenta las microalgas y empezamos a reproducirlas en un campo que tenemos en San Pedro de Atacama. En específico, adquirimos el equipo con un sistema de oxigenación e iluminación para reproducirlas», detalla.
Entre septiembre y octubre de 2025 comenzaron a aplicar bioestimulantes en la producción de cinco bandejas de almácigos.
«Lo que más notamos fue un crecimiento radicular evidente. No hubo mortalidad de plantas en esta etapa, algo que pasaba en años anteriores, antes de nuestro trabajo y de la aplicación del alga», sostiene.
Bioestimulantes vs fertilizantes
«Estas algas son bioestimulantes que ayudan al desarrollo de las plantas y a mitigar el estrés; sin embargo, no aportan nutrientes. Hay muchas formulaciones nacionales y extranjeras que gatillan respuestas favorables y funcionan como bioestimulantes, pero nunca reemplazarán a la fertilización porque no son productos con nutrientes», dice Claudia Bonomelli, doctora en ciencias de la agricultura y profesora de la Facultad de Agronomía y Sistemas Naturales de la UC. Bonomelli, cuya área de investigación se centra precisamente en la fertilización de frutales y viñas, los fertilizantes y la nutrición de las plantas, aclara que «los fertilizantes son necesarios y gracias a ellos se logra alimentar a la población, optimizar el recurso del suelo y conseguir el potencial productivo. Con ello, se requieren menos hectáreas para la misma producción. Sin embargo, hay que utilizarlos correctamente; es decir, no aplicar dosis altas de nitrógeno de una sola vez, sobre todo en suelos de texturas gruesas o delgadas, porque se puede lixiviar, es decir, ser arrastrados como nitrato a las aguas profundas, contaminándolas».


