Ingenieros, contadores y médicos, la inesperada crème del pillaje
Apenas un 5 por ciento de los arrestados tiene antecedentes penales. No sólo delincuentes se aprovecharon del pánico.
El empresario Roberto Amira es dueño de Pet Life, dos completas tiendas de mascotas de Concepción, una de las cuales se ubica junto al centro comercial Verluys, en el exclusivo barrio San Pedro de la Paz. Claro que recién esta semana logró rearmar su negocio, luego de que decenas de personas le robaran prácticamente todo en los escandalosos saqueos que se produjeron después del terremoto.
«Se llevaron hasta los perros, entre ellos un cachorro de raza Orquídea del Inca de Perú, que vale 450 mil pesos. Sacos de comida, jaulas, refrigeradores, remedios, ecógrafos, equipos de esterilización, todo», cuenta.
Sin embargo, lo que más le impresiona es el tipo de delincuentes que lo asaltó. «He visto fotos y videos, y no era sólo lumpen. Obviamente que hubo de todo, pero aquí llegaron muchos 4×4 del año y con patentes de cuatro letras», plantea suspicaz.
Y no se quedó de brazos cruzados. Gracias a las fotos que le hizo llegar una persona anónima, Amira logró recuperar de forma increíble a uno de sus cachorros. «Era un Beagle, que vale 250 mil pesos. En las imágenes aparecía una muchacha muy joven llevándoselo, a quien pude reconocer con la ayuda de otros colegas que, como yo, también hacen clases. Se trataba de una estudiante de la Universidad de Concepción. Me conseguí sus datos, fui a su casa, le pedí que me devolviera el perro y me lo pasó», cuenta, todavía enrabiado.
Marcelo Fariña es otro empresario dueño de una tienda de mascotas. La suya se llama «Zoonanimal» y queda cerca de Pet Life, al lado de un supermercado Santa Isabel que también fue desvalijado.
«Ese sábado (27) llegué primero a las 4 y luego a las 6 de la mañana para sacar algunas mercaderías y salvar otras, cuando vi varios autos nuevos. Una semana después una señora pasó por mi tienda a comprar alimentos. La cuenta era de 11 mil pesos, pero ella me pagó 40. Me dijo que fue porque el día del terremoto se había llevado varias cosas para sus animales. Me pareció muy honrada», relata.
60 mil pesos de la nana
Las historias similares suman y siguen. Hernán Verluys, dueño del supermercado y centro comercial del mismo nombre, que para variar fue totalmente saqueado, recuerda que «hace pocos días llegó un cliente que dijo ser médico. Tenía unos 45 años, era muy amable y venía a pagarme 60 mil pesos que, según él, su nana se había llevado en productos después del terremoto».
A esta altura Verluys ya no sabe a quién creerle. «Teóricamente este es un barrio muy bueno, pero se robaron de todo, máquinas para cecinas, sillas, ampolletas, lámparas. Ese sábado yo vi a gente que no tenía pinta de ser muy necesitada. Cuando entré a la cafetería descubrí a un cliente más o menos habitual que estaba sacando uno de los TV plasmas gigantes. Me dijo que era para protegerlo y. ¡guardármelo!».
Hasta el viernes la Fiscalía de Concepción había formalizado a más de 300 personas vinculadas a los saqueos, fundamentalmente por robo en lugar no habitado, receptación y especulación, de las cuales 249 quedaron en prisión preventiva. Lo sorprendente es que, según datos del OS-9 de Carabineros, apenas el 5 por ciento de ellas tiene antecedentes penales. Y peor aún, varios son profesionales o técnicos con una buena situación económica.
Así los pillaron
La norma que la autoridad aplica en estos casos es la Ley 16.282, según la cual los delitos comunes, pero cometidos bajo estado de catástrofe, intensifican sus penas y se agravan.
La gran pregunta es cómo han podido ubicar a los responsables. Este es el punto que tiene en vilo a gran parte de los saqueadores. Se trata de un novedoso cruce de información.
La fiscal regional del Biobío, Ximena Hassi, explica que «la comunidad ha sido muy activa. Nos han enviado muchas fotos y videos de gente participando en los disturbios. Algunas pueden ser ubicadas por su retrato, comparado con el Registro Civil y otras bases de datos; otras a través de las patentes de sus autos; y otras gracias al testimonio de sus propios vecinos, que denuncian haberlos visto llegar a sus casas con objetos extraños. Las imágenes captadas por la prensa también han resultado tremendamente útiles. El proceso de recolección de información es riguroso y preciso. La policía los investiga y luego se determina si tienen responsabilidad».
Gorra y pantalones
Uno de los casos emblemáticos es el del ingeniero Christian Díaz Peralta, de 42 años, residente del barrio San Pedro de la Paz y funcionario de la Universidad Católica de la Santísima Concepción. Carabineros lo detuvo en su casa a las 23.30 horas del pasado jueves 18, donde además se le incautaron una polera naranja, un jockey, unos jeans y su camioneta blanca Hyundai Santa Fe, del año 2009.
Este profesional, con esas mismas ropas, fue fotografiado por unos testigos afuera del supermercado Santa Isabel de calle Michimalongo subiendo productos a su auto.
«Tenemos testimonios directos de personas que lo vieron sustrayendo cosas e introduciéndolas a su vehículo. Primero estuvo con arresto domiciliario, pero luego se decretó su prisión preventiva», destaca el fiscal Julio Contardo.
Según la policía, las cosas que Díaz cargó fueron alimentos y conservas. Él mismo se presentó este jueves, junto a su abogado, en la subcomisaría de San Pedro para cumplir con la medida cautelar. «No tengo miedo porque no he robado ni saqueado nada. Estoy muy tranquilo, por eso doy la cara. Después del terremoto había una fila de gente ordenada, pregunté y me dijeron que estaban entregando mercaderías», dijo antes de su ingreso al penal El Manzano.
Otros casos son sencillamente ridículos, como el del contador Carlos Jara, quien incluso apeló a la Corte Suprema con un recurso de amparo que finalmente le fue negado. Este profesional de 41 años vive en el sector de Collao y está acusado de haber comprado en la calle, y en 10 mil pesos, una máquina lavadora marca «Cónsul», a pocas cuadras de una bodega industrial que fue atacada por una turba.
Frente a uno de los establecimientos Santa Isabel, en la calle Michimalongo, trabaja la florista Mónica Lozano, testigo de muchas de las historias de pelaje acomodado que circulan por la ciudad penquista.
«Es verdad que llegó gente pituca a sacar cosas, pero yo te diría que fue sólo al final, porque la gran masa era de tipos de la calle, de delincuentes de verdad. No seamos injustos», advierte.
Algunos de los acusados discuten su verdadera participación y ponen en tela de juicio la rigurosidad de las denuncias. La contadora Marybelle Varela, por ejemplo, permanece detenida y su auto Toyota Yaris negro incautado, producto de un supuesto robo de mercadería.
Un familiar suyo, que se identificó como G., explica que «todo esto es un tremendo error. Éramos cuatro personas e íbamos en auto a tratar de comprar algo al (supermercado) Bigger cuando vimos que estaba la escoba, gente corriendo con bolsas, otros arrancando, mucho grito e histeria. Paramos y nos quedamos mirando. Jamás habíamos visto algo así. De pronto pasó al lado nuestro un caballero con muchas cosas. Se le cayeron tres paquetes de arroz. Ella se lo dijo y él se los tiró casi como talla. Luego nos fuimos. Eso fue todo. Ella jamás entró al local. Alguien nos debe haber sacado una foto y se confundió».
Hipocráticos
Uno de los casos más misteriosos que revolotea por el ambiente es el que involucra a un famoso médico de la zona.
El doctor Juan Enríquez, presidente del regional Biobío del Colegio Médico, reconoce que es efectivo. «El lunes 15 recibimos formalmente una denuncia, que creemos responsable, en contra de un médico colegiado de Concepción que habría participado en hechos que contravienen nuestra orden. Pasamos todos los antecedentes al Tribunal de Ética y éste resolverá su situación».
Enríquez se excusó de entregar mayores antecedentes, pero la Fiscalía ya les solicitó toda la información para formalizarlo penalmente si es necesario.
La fiscal regional Hassi reconoce que todo ha sido sorprendente. «Nosotros no hacemos ninguna distinción, nos da lo mismo la educación, dinero o clase social de las personas detenidas. Simplemente formalizamos los cargos y aplicamos el máximo de rigor a todos por igual, como corresponde, pero no me deja de llamar la atención cierta gente que entrega explicaciones difusas, como que esas cosas se las regalaron o las encontraron en la calle», comenta.
Por ahora, el número de saqueadores detenidos sigue aumentando. Y el temor entre los que están libres también.


