Carina Castro participó en el documental Parenting sin pantallas
Especialista explica por qué el uso excesivo de dispositivos genera una desmotivación por la vida en los niños
En el documental «Parenting sin pantallas», Carina Castro dice que no es exagerado afirmar que cuando un padre le da a un niño acceso a las pantallas es como darle droga. Sólo que en este caso es una «droga socialmente aceptada».
«Cuando una persona consume una droga se activan zonas en su cerebro y produce una química cerebral, por ejemplo, producción de dopamina. Este es un neurotransmisor que nos lleva a querer más de eso que me dio gratificación inmediata. Cuando una persona consume cocaína o anfetaminas, por ejemplo, pasa eso. Cuando un niño está frente a una pantalla tiene shots de dopamina y eso lo lleva a buscar más», describe Castro, quien es neurosicóloga pediátrica y vino a nuestro país al Congreso Internacional de Educación Emocional y Bienestar. La costarricense es autora de tres libros y en el documental (ver aquí https://acortar.link/ZTHxn8), que recibió dos premios Emmy Suncoast, da luces del impacto de las pantallas en los niños.
«Las pantallas llegaron sin manual y nos facilitan la crianza. Vienen a ser como un chupete emocional perfecto. Pero de cero a seis años el impacto es muy grande en un montón de funciones. Te puedo mencionar, por ejemplo, la miopía, porque la vista se termina de desarrollar a los 12 años y se estima que para el 2050, el 50% de la población va a ser miope. Todo lo que tiene que ver con alteración del ritmo biológico interno, niños que tienen dificultades para levantarse, tienen un mal sueño. Tiene que ver con retraso del lenguaje, que es una enfermedad que estamos viendo a los 2 o 3 años. Tiene que ver con las dificultades para poner atención, controlar impulsos y regular las propias emociones».
¿Y cómo se ven reflejadas esas cosas en los niños?
«En que estamos teniendo niños con muy bajo nivel de la frustración, con dificultades para controlar y regular sus impulsos. Estamos teniendo niños con una anhedonia de la vida, o sea, están desmotivados».
¿Por qué se da eso?
«Porque las pantallas son todo al alcance de un clic. Tienen un sistema dopaminérgico súper elevado, quieren todo ahora ya y desde muy temprana edad silencian emociones como el aburrimiento, la tristeza y la baja tolerancia a la frustración con una pantalla. Van creciendo y se van desconectando de sus emociones».
La especialista, eso sí, cree plausible que los niños que han sido sometidos a mucha pantalla, reviertan ciertas conductas. Para ello, es fundamental la compañía de los padres.
«Si el niño tiene hasta 8 años nos vamos a encontrar con resistencia de parte de él entre una y tres semanas. Así que hay que acompañar sus emociones, explicarles los cambios que va a haber. En dos o tres semanas el niño rápidamente encuentra felicidad en la vida en muchos otros aspectos que no los encontraba antes».
¿Qué pasa con niños más grandes?
«De ocho a 12 años es un acompañamiento que puede tomar hasta un poquito más de un mes y es un poco más difícil porque le tenemos que enseñar al cerebro del niño a encontrar felicidad en otras cosas. Entonces, tenemos que agarrar una pelota e irnos a jugar al parque. Vamos a tener que salir de la casa, salir a caminar. O sea, tenemos que intencionalmente buscar actividades o poner plasticina sobre la mesa o sentarnos con ellos a colorear, a leer o a jugar un juego de mesa. Tenemos que buscar momentos intencionales donde acompañamos esa emoción, pero le enseñamos a su cerebro a sostener y buscar felicidad en otras variables».
A partir de los 12 años, y por distintos procesos cerebrales de esa edad, la especialista recomienda el acompañamiento de un profesional para que el proceso sea gradual.


