La oficina de urbanismo Atisba estudió el nivel de violencia en cada una
Los asentamientos se concentran en el norte y centro del país y suman 47.899 viviendas que se reparten en 2.038 hectáreas.
Las tomas más grandes de Chile son 34 y están distribuidas entre el norte y el centro del país. Según un estudio de la oficina de urbanismo Atisba, esas 34 megatomas concentran una población de 203.248 personas distribuidas en 47.899 viviendas que se reparten en 2.038 hectáreas.
«Determinamos que el 48% de estas tomas presenta niveles de violencia altos o críticos», detalla Caroline Iribarne, directora ejecutiva de Atisba. «Además -dice- el 70% de la población total es extranjera. El fenómeno es complejo de abordar: se concentra en el norte minero, que recogió toda la presión migratoria, y en las periferias de las regiones Metropolitana y Valparaíso, donde las tomas están asociadas a la pospandemia y a la expansión urbana informal. Estas megatomas son prácticamente ciudades informales».
Javier Ruiz-Tagle, profesor del Instituto de Estudios Urbanos y Territoriales (IEUT) de la Universidad Católica (UC) y director del Núcleo Milenio sobre Desafíos de la Vivienda (NUVIV), explica que una característica de los megacampamentos en Chile es su alta densidad poblacional en terrenos acotados. En otros lugares como Lima, Perú, señala, existe un fenómeno distinto asociado a bandas que usurpan terrenos para comercializar lotes y viviendas a gran escala.
Pocas y caras
«Hay un enorme déficit habitacional en las zonas con mayor concentración de campamentos. La baja producción de viviendas, tanto por parte del Estado como del sector privado, sumada a los altos precios, influye directamente en que las personas lleguen a vivir a una toma. No se trata de que el lugar esté lleno de delincuentes que busquen usurpar terrenos; son personas con graves dificultades para encontrar un hogar que se asientan donde pueden, ya sea de forma organizada o a través de vendedores ilegales», detalla Ruiz-Tagle, quien también es investigador del Centro de Desarrollo Urbano Sustentable (CEDEUS).
Iribarne menciona que, a nivel metodológico, el estudio consideró los niveles de violencia en las 34 megatomas del país, las cuales tienen entre 1.000 y 20.000 habitantes aproximadamente. Las tomas con un nivel bajo de violencia, describe la arquitecta, son campamentos de larga data, estables y organizados con dirigentes vecinales; un ejemplo es el campamento Manuel Bustos, en Viña del Mar. El nivel medio de violencia, agrega, está relacionado con asentamientos irregulares con conflictos recurrentes; mientras que las tomas con nivel alto de violencia incorporan delitos y formas de control informal. El nivel crítico, detalla Iribarne, se vincula a la presencia del crimen organizado, con investigaciones del Ministerio Público y donde el Estado ha sufrido una pérdida de control territorial importante.
«Identificamos que el grupo de campamentos con nivel de violencia crítico reúne en su conjunto a cerca de 50.000 habitantes, lo que corresponde al 25% del total del fenómeno de los megacampamentos. Todos tienen alta densidad poblacional, con trazados informales muy complejos y dificultades de acceso y de control policial, factores que básicamente favorecen economías ilegales y el control territorial. En el estudio que hemos hecho hemos identificado que la vulnerabilidad coexiste con las dinámicas delictivas».



