Reunir el 20% de ahorro es uno de los principales obstáculos para el sueño de la casa propia
Economistas entregan consejos para juntar el dinero y recomiendan cuentas para guardarlo. Dicen que un crédito de consumo puede ser riesgoso.
«Queremos que Chile vuelva a ser un país de propietarios, no de arrendatarios», afirmó el presidente José Antonio Kast en su primera Cuenta Pública, en la cual situó el acceso a la vivienda como uno de los ejes centrales de su gestión. En ese marco, anunció un paquete de medidas para reactivar el mercado habitacional, entre ellas, la ampliación de programas con garantía estatal destinados a sectores de ingresos medios y el traspaso de más de diez millones de metros cuadrados de terrenos fiscales sin uso para el desarrollo de proyectos de vivienda.
El anuncio ocurre cuando cada vez menos familias son propietarias del inmueble que habitan. De acuerdo con la Encuesta Financiera de Hogares (EFH) del Banco Central, en 2017 el 63% de los hogares del país era dueño de su vivienda. En 2024, siete años después, el dato cayó a 52%.
Los especialistas han identificado varios factores detrás de este problema. Uno de ellos es el alza en el precio de los bienes raíces y otro, las dificultades para reunir el pie que exigen las instituciones crediticias para entregar un hipotecario.
Así lo plantea Javier Varleta, geomarketing manager de la consultora NielsenIQ Chile, quien sostiene que esos factores más el incremento de la UF durante los últimos años han incrementado aún más el esfuerzo que deben hacer las familias para reunir el pie, que corresponde al 20% del valor de la propiedad. Por lo mismo, considera fundamental que quienes proyectan comprar una vivienda se planifiquen.
En la tabla de esta página, se puede ver el valor promedio de los departamentos nuevos de tres dormitorios disponibles en la Región Metropolitana. Las familias que quieren ese tipo de unidades deben pensar en al menos $23.900.000 para acceder a uno, aunque ubicado en la comuna de Padre Hurtado. En zonas más céntricas como San Miguel o Ñuñoa, el ahorro se dispara a $40.600.000 y $64.500.000, respectivamente. El cálculo se basa en el precio promedio de los bienes raíces de esas características por comuna.
Varleta recomienda privilegiar la compra de unidades en verde o en blanco, o sea, cuando el proyecto está en construcción, ya que esas modalidades permiten financiar el pie mediante cuotas mientras se termina la obra.
«No es la idea que uno llegue a un proyecto terminado y deba pagar el pie en cuotas y además el dividendo», señala.
Otra alternativa para reducir el desembolso inicial consiste en buscar proyectos que ofrezcan descuentos, los que suelen concentrarse en las unidades de menor valor del proyecto, y aquellos en los que las inmobiliarias aceptan un porcentaje del pie y la opción de pagar la diferencia en cuotas, que pueden ser hasta 60, según la empresa.
Mecanismos de ahorro
Julio Riutort, doctor en Finanzas y académico de la Escuela de Negocios de la Universidad Adolfo Ibáñez, añade que lo más importante a la hora de planificar el ahorro del pie es determinar cuánto dinero será necesario para financiar la propiedad deseada. A partir de esa meta, explica, se construye una estrategia consistente en el tiempo.
El ahorro no se limita a apartar dinero de forma ocasional, implica disciplina financiera constante.
«Ese ahorro significa tener gastos inferiores a los ingresos de manera sostenida en el tiempo y un plan para invertir en instrumentos donde no se arriesgue ese ahorro, más bien en aquellos que permitan preservar el valor real del dinero en el tiempo hasta llegar al objetivo final».
¿Qué piensa de la opción de un crédito de consumo?
«Un crédito de consumo para financiar el pie puede permitir concretar la compra, pero implica asumir simultáneamente el pago de ese préstamo y del crédito hipotecario. Eso deriva en una carga financiera muy alta durante los primeros años».
El académico advierte que el préstamo es una alternativa viable en ciertos casos, pero que en general no es recomendable, salvo para personas con ingresos suficientes para absorber ese mayor endeudamiento durante los próximos dos o tres años.
Una visión similar plantea el economista y académico de la Universidad de los Andes, Nicolás Román. En su análisis, el principal desafío consiste en gastar menos de lo disponible de forma sistemática, una disciplina que considera difícil, aunque decisiva para alcanzar la meta habitacional.
En cuanto a las alternativas para resguardar esos recursos, Román recomienda priorizar instrumentos de bajo riesgo y rentabilidad estable. Entre ellos menciona las cuentas de ahorro bancarias en UF.
«Estas cuentas protegen los fondos de la inflación, ya que están denominadas en UF, y algunas además facilitan el acceso a subsidios, sujeto, por supuesto, al cumplimiento de los requisitos de ahorro», explica.
Más allá de estos instrumentos, agrega que existe una amplia variedad de opciones que permiten obtener intereses o rentabilidad en el mediano y largo plazo.



