Debido a su antigüedad, el método de datación es indirecto, y se basa en isótopos de vida larga
Goethe es considerado el fundador de la morfología y probablemente se habría alegrado de ver cómo obtuvimos valiosas conclusiones en este campo utilizando métodos completamente nuevos, señaló científico de la Universidad de Jena.
Genio múltiple, el ciudadano de Weimar Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832), cultivó la literatura, la poesía, la política, la mineralogía, entre otras disciplinas, y en su legado están cumbres de la literatura como el Fausto y las Cuitas del joven Werther. También es parte de su legado una colección de ámbares, resinas vegetales fosilizadas, dentro de una de las cuales investigadores de la Universidad Friedrich Schiller de Jena, en Alemania, encontraron tres insectos, entre ellos una hormiga extinta que existió hace 40 millones de años. El jueves, la revista científica «Science Daily» detalló el hecho, que permitió documentar por primera vez estructuras externas e internas del esqueleto en una hormiga fósil del Cenozoico, el período geológico que comenzó hace 66 millones de años. Se trata de la especie Ctenobethylus goepperti, descrita originalmente por el naturalista Gustav Mayr en 1868. «Gracias a su excelente preservación y a las exhaustivas investigaciones, pudimos describirla con mayor detalle que nunca y obtener nueva información sobre la especie y sus relaciones», explicó a «Science Daily Bernhard Bock», investigador del Museo Filético de la Universidad de Jena. «Goethe es considerado el fundador de la morfología y probablemente se habría alegrado de ver cómo obtuvimos valiosas conclusiones en este campo utilizando métodos completamente nuevos», agregó el científico.
Cómo lo hicieron
Mediante tomografía computarizada de sincrotrón, versión más avanzada del antiguo ciclotrón, los investigadores lograron obtener imágenes tridimensionales del interior de las piezas de ámbar sin tocarlas ni alterarlas, y con esas imágenes reconstruyeron digitalmente la hormiga en tres dimensiones, revelando por primera vez sus estructuras esqueléticas internas y permitiendo que cualquier investigador del mundo acceda al modelo en línea para compararlo con nuevos especímenes. Los científicos pudieron mapear la hormiga de la cabeza a la cintura, identificando once rasgos morfológicos precisos que la distinguen de todas las demás hormigas extintas y actuales conocidas, según publicó «Scientific Reports», que también fue publicada en revista «Nature» (https://n9.cl/wfnne). Entre esos rasgos, se reconstruyeron, con increíble detalle, la cabeza en forma de corazón con grandes lóbulos traseros, los ojos ubicados en la mitad delantera del cráneo, las antenas cortas que no alcanzan la nuca, el tórax compacto y bien desarrollado, y hasta los bellos de las extremidades. A eso se agregan estructuras esqueléticas internas ubicadas en la cabeza y el tórax. A partir de esos datos, el equipo generó una reconstrucción 3D completa del espécimen, disponible en línea para que investigadores de todo el mundo puedan consultarla y compararla con nuevos fósiles.
Según explica Eduardo Pino, académico del Departamento de Ciencias del Ambiente de la Facultad de Química y Biología de la Usach, por la antigüedad de la muestra, el Carbono 14 no es aplicable para determinar la data de antigüedad. «El carbono 14 para muestras orgánicas tiene como límite 50 o 60 mil años, porque más allá, la cantidad del isótopo no permite determinarlo. Por lo tanto, para muestras más largas orgánicas se caracteriza la muestra de suelo alrededor de la muestra orgánica de interés y para eso se suelen ocupar decaimientos radiactivos de isótopos que tienen un tiempo de vida mayor. Se cita en algunas referencias el potasio argón, el uranio plomo y el rubidio estroncio», agrega el académico.
Estos métodos se basan en un principio común: todo elemento radiactivo se desintegra a una velocidad constante y conocida, transformándose progresivamente en otro elemento estable. Midiendo cuánto queda del isótopo original y cuánto del elemento resultante se ha acumulado, los científicos pueden calcular con precisión cuánto tiempo ha transcurrido desde que se formó la roca o mineral que rodea la muestra. Como el ámbar en sí no contiene los isótopos necesarios, la datación se realiza sobre los minerales del suelo circundante, usando isótopos de vida larga cuyas vidas medias se miden en millones o incluso miles de millones de años, lo que los hace adecuados para fechar formaciones geológicas antiguas.
Por ello, la antigüedad que se le atribuye a la hormiga de Goethe no es una medición directa sobre la pieza sino una estimación basada en la formación geológica donde ese tipo de ámbar báltico fue depositado hace millones de años. La investigación de la Universidad de Jeria, concluyó, además, que esta hormiga vivía en lo árboles por su asociación con la resina.



