El fuego habla su propio lenguaje. Yno entiende razones.Solo le interesa arrasar.
19 focos distintos. 19 lugares distintos donde las llamas se hicieron de los troncos y el fuego tomó las ramas y las hojas para seguir hasta las raíces y el cielo. 19 heridas en plena tierra que se hicieron humo y más humo, como una trampa que se cierra sobre nosotros. La trampa de ese odio sin cara, la de ese crimen sin nombre que convierte en cenizas y carbón hectáreas y más hectáreas de terror, de incomprensión, de pobreza, de sordera, de ceguera sin fin.
¿Habrá 19 razones, 19 locuras, para permitir que avance así en la tierra el fuego? No lo sé. Solo sé que el fuego habla su propio idioma y que cuando él habla, derritiendo piedras, disolviendo senderos, destrozando casas y vidas, no puede hablar nadie más.
Solo sé que es siempre muy simple encenderlo y muy difícil apagarlo porque no obedece a nuestras órdenes ni entiende nuestras razones, porque el fuego quiere más fuego y entiende solo ese lenguaje hasta que no le queda nada más que consumir, nada que devorar, hasta que su hambre deja seca la tierra detrás suyo.
Este verano más que ningún otro, hemos aprendido que algunos quieren literalmente jugar con fuego. Pero también hemos sabido que el fuego juega su propio juego, en el que somos apenas peones intercambiables. Pobres humanos lanzando agua a la humareda, pobres sombras viendo convertida en llamas la noche insomne en que se acaba todo.


