Ismael Palacios-García explica la importancia de mantener en equilibro la microbiota
Es el autor del libro Tu mIcrobiota importa, y explica que estos microorganismos han ido ganando importancia en la última década.
La microbiota ha ido ganando relevancia a medida que nuevos estudios revelan su impacto en la salud. En simple, se trata del conjunto de microorganismos, bacterias, hongos, virus y arqueas, que habitan de forma natural en el cuerpo humano. La que reside en el intestino, conocido incluso como el «segundo cerebro», cumple funciones clave: regula el sistema inmune, influye en los procesos inflamatorios y está estrechamente ligada al estado de ánimo. Su equilibrio, o desequilibrio, puede afectar desde la ansiedad hasta la respuesta a distintos tratamientos médicos.
Ismael Palacios-García es ingeniero en Biotecnología, doctor en Neurociencias y autor del libro Tu microbiota importa. Su camino académico comenzó explorando el sistema nervioso desde una mirada molecular, en modelos animales. Pero con el tiempo sintió que algo faltaba. «Me interesaba entender cómo eso se extrapolaba al humano, cómo impactaba en la conducta», recuerda. Fue así como llegó al estudio de la microbiota. Desde entonces, su foco ha sido entender cómo nuestros hábitos, alimentación, sueño, estrés o movimiento, impactan el cuerpo a través de estos microorganismos. «La microbiota es un integrador. Si no la tuviéramos, quizás un cambio de dieta no tendría tanto efecto. Es ella la que traduce esos cambios en resultados reales».
Aunque hoy se hable mucho del tema, y esté validado, el auge científico de la microbiota es reciente y aún en desarrollo. «Si tú buscas brain-gut axis ( eje intestino-cerebro) en PubMed -mayor repositorio de publicaciones científicas- antes de 2015, vas a encontrar diez o quince artículos. Muy poquito». Explica que el gran impulso vino con el Proyecto Microbioma Humano, lanzado en 2007, pero fue recién una década después cuando comenzaron a consolidarse los primeros centros especializados y estudios clínicos de peso. «Llevamos poco tiempo, y por eso mismo todavía estamos entendiendo cuánto influye realmente. La evidencia más robusta está en la alimentación, pero cada año aparecen nuevas conexiones con sueño, salud mental y hasta áreas verdes y cómo influyen en ella».
¿Cómo se puede regular la microbiota de una persona común?
«Hay como dos visiones generales: una terapéutica, más clínica, y otra terapéutica, pero más guiada a las propias actividades del ser humano. Pero principalmente, los hábitos. Por un lado, la alimentación. Luego hay desarrollos terapéuticos, desde lo más común, que son probióticos, hasta suplementos».
¿La microbiota de una persona con sobrepeso, ansiedad o insomnio es distinta a la de alguien sano?
«Esto es biología. No hay verdades absolutas. Al igual que uno puede decir que el perfil lipídico de una persona con obesidad debería ser distinto, con la microbiota pasa lo mismo. En general, se ha demostrado que una persona con obesidad, con ansiedad crónica, con depresión, tiene un perfil microbiano diferente. Ahora bien, eso no se da siempre.
Hay personas con obesidad que tienen el perfil lipídico perfecto, y personas con depresión que tienen la microbiota perfecta. Hay casos y casos, porque somos un cuerpo biopsicosocial y hay otros sistemas que también afectan.»
¿Qué tan real es eso de que el intestino es nuestro segundo cerebro?
«Es muy real. El intestino es el segundo cerebro porque posee un sistema nervioso autónomo, que se llama sistema nervioso entérico. Este sistema rodea todo el tracto digestivo y tiene actividad independiente del sistema nervioso central. Ahora, que sea independiente del cerebro no significa que no se vea afectado. Estos sistemas conversan profundamente: con la microbiota, con las células del epitelio intestinal, el sistema nervioso central y periférico. Por eso, y por muchas otras funciones, la microbiota tiene un vínculo fuerte con el cerebro y con la conducta humana.
Cada día salen más evidencias,en modelos animales y ya también en humanos, de cómo la microbiota y el sistema digestivo impactan la fisiología cerebral y la conducta. Se han mostrado vínculos con condiciones del neurodesarrollo, del ánimo, depresión, ansiedad, enfermedades neurodegenerativas como Parkinson, epilepsia, esclerosis múltiple».
¿Cuánto puede afectar un tratamiento corto con antibióticos a nuestra microbiota y qué se puede hacer para recuperarla después?
«Le afecta brutalmente. Hay que tomarle súper ojo al tema de los antibióticos, no solo a nivel microbiano, sino porque hoy en día hay iniciativas mundiales que reportan la resistencia a antibióticos como uno de los grandes problemas del futuro. Es decir, por tanto antibiótico, estos bichos se hacen resistentes y luego no vamos a ver cómo matarlos. Y a nivel de microbiota, en general, cuando uno ocupa antibióticos a tonta y a loca, barres con todo.
Entonces hay que hacer un doble clic de decir: ¿cuándo es muy necesario ocupar un antibiótico? Y ahí viene toda la terapéutica, como los profesionales de la salud que están trabajando con estas cosas y que al final le toman el peso. Es un asunto real».
En redes sociales se habla mucho de desintoxicar el intestino y hacer limpiezas de colon. ¿Eso es más moda que científico?
«Yo lo veo más como moda que científico. Lo que no significa que no haya prácticas clínicas que se hagan aunque no tengan evidencia científica. Pero en general hay que tener ojo con, nuevamente, como seguir recomendaciones clínicas o protocolos clínicos desde Instagram. La verdad es que Instagram es una red social libre en donde uno no puede enojarse si aparece A, B o C. Y lo que uno tiene que hacer es realmente poner ojo en entender que es un espacio donde cualquier persona puede publicar lo que quiera. Entonces, por eso nosotros generamos acuerdos, consensos científicos con artículos científicos validados o con prácticas clínicas que están de cierta forma validadas.
En lo personal, yo no recomiendo nada de esas prácticas».
¿Hay alguna lección o principio que tengas muy claro desde tu experiencia?
«En general, lo que yo tengo mucha claridad es de no normalizar mis síntomas. A diferencia de quizás una persona cualquiera que cree que tener síntomas gastrointestinales, tener síntomas dérmicos, tener jaquecas, tener asuntos en el cuerpo como inespecíficos, la gente lo normaliza y cree que simplemente es así o que le tocó así. No debemos normalizar la sintomatología de ese tipo: como estar hinchado, no poder comer tal y tal cosa, o tener problemas de la piel».


