Hans Grünholz se ahogó en El Tabo por intentar salvar a su hijo
En 8 años trabajando acá no he perdido a una persona. Es inexplicable lo que sientes, relató Fabián Núñez, quien lo sacó desde el mar.
Este viernes comenzó a ser despedido en su domicilio por su familia y amigos el pastelero Hans Grünholz Maturana, de 47 años, que falleció ahogado en la playa de Guayápolis, en la comuna de El Tabo, Región de Valparaíso.
El miércoles, se lanzó al agua al ver que su hijo de 16 años estaba siendo arrastrado por la corriente, que terminó arrastrando a ambos. Los salvavidas lo dieron todo por sacarlos hasta la orilla, logrando que el niño sobreviviera.
Un rescate amargo
El primero en lanzarse al mar al darse cuenta de que el padre y su hijo corrían peligro, fue el experimentado salvavidas Fabián Núñez. Comenta que cerca de las 17.45 del miércoles, acudió al rescate en la playa del sector Guayápolis, no apto para el baño, pero que presenta un banco de arena usualmente utilizado por los bañistas. «Es una superficie elevada, de cerca de 6 metros, donde el agua llega hasta la cintura», explica.
«Ellos estaban jugando a cerca de 80 metros de la costa en un banco de arena, cuando se cayeron de él por un costado y la corriente se los llevó atrás de la última ola. En mis 8 años como salvavidas no había perdido a una persona. Es inexplicable lo que se siente», relata Núñez.
Sin titubear, Núñez se lanzó al mar y logró llegar hasta donde estaba el pastelero, quién le indicó que unos metros más allá estaba su hijo. «Ya estábamos pasando la rompiente», indica, cuando logró amarrar al niño a su tubo de rescate, mientras que el padre luchaba con el oleaje.
«Lo alcancé a tomar y estaba inconsciente, le apliqué compresiones de maniobra Heimlich mientras nos pegaban las olas (dentro del mar), porque sabía que con lo que me demoraba en encontrar la (corriente) saliente, era difícil que llegara con vida» detalla el salvavidas.
Al verlo en esta situación, otros dos colegas se lanzaron al agua y lograron ayudarlo a sacar al niño y a su padre. En la orilla esperaba la pareja de Grünholz y su hija menor, quienes acompañaron a los salvavidas mientras intentaban reanimar al pastelero.
«Estuvimos cerca de una hora reanimando, pero era difícil que volviera luego del tiempo que estuvimos adentro, que fueron cerca de 12 minutos. Yo estuve solo batallando cerca de 10 minutos. Me he cuestionado todo y es difícil asumir que no es culpa mía, pero lo di todo y no pude», lamenta Núñez.
Estaban de vacaciones
«Ellos habían llegado el lunes a la casa de veraneo familiar en El Tabito. Se devolvían el domingo porque su pareja había llegado el miércoles en la mañana», comenta Patricio Arancibia, amigo de Hans Grünholz, desde que se conocieron mientras cursaban 3° medio a principio de los noventa en el Liceo Chileno Alemán.
Detalla que su amigo se encontraba de vacaciones y fue a la playa junto a su pareja, su hijo y su hija. Cuando tuvo que entrar al mar al ver que la corriente crecía mientras sus hijos se bañaban, demostrando su preocupación hasta el último momento. «Él logró decirle a su hija que saliera, porque la corriente estaba fuerte y entonces ingresó a buscar a su hijo. Ellos estaban jugando ahí en el entorno».
Arancibia relata que compartían el oficio de matriceros (fabricantes de moldes de metal) con su amigo Hans, pero luego él siguió su camino con una carrera como pastelero tras estudiar repostería.
«Él estudió repostería en Inacap y trabajó en diferentes pastelerías, incluso dirigiendo en cargos de alta demanda. Después tomó la decisión de independizarse, solo. Empezó a comprarse sus máquinas y a hacer sus productos. Tuvo una pastelería en calle Irarrázabal. El trabajo para él era súper importante, pero por el estrés se empezó a enfermar hasta que decidió vender la pastelería», detalla.
«Desde ahí que realizaba trabajos a los clientes que lo seguían desde Ñuñoa, con pedidos a través de internet. Decidió vivir con lo justo, no enfermo, disfrutando a su familia y a sus hijos», asegura.
Plantas y rock
Con emoción, Arancibia recuerda que además de un excelente pastelero, su amigo era un prolijo cuidador de plantas y amante de la jardinería, pasatiempo que compatibilizaba con su amor por la música y el rock. «Siempre nos juntábamos a escuchar música, sin faltar nunca el «MTV Unplugged» de Soda Stereo».
«El pasto de su casa lo tenía como si lo hubieran pintado; todas sus plantas estaban muy bonitas. Se dedicaba mucho a este pasatiempo, porque disfrutaba de las cosas simples. Y ese amor por las plantas lo heredó y aprendió de su madre. Él cuidó a sus padres en los últimos años en que enfrentaron cáncer. Él practicaba la empatía y además, era simpático», finaliza.
Los familiares y amigos de Hans Grünholz, lo velarán y despedirán este viernes en su domicilio, en la calle Imperial, de la comuna de Las Condes.


