Hay cosas que me cuesta tomar en serio se mofó del ex vocero, quien hervía de rabia
A lguien tendrá que explicar cómo una reunión que se programa anticipadamente para ofrecer a la opinión pública la imagen de un bloque unido, granítico, de defensa de la obra de la Presidenta Bachelet, termina convertida en una patética muestra de división en el seno mismo de la intelligentsia concertacionista.
La cosa es que anoche garzones y parroquianos del restaurante «El divertimento» de Pedro de Valdivia Norte fueron testigos de uno de los desaires más estrepitosos en la historia última de la política chilena. En este caso, el del «ofendido» Andrés Velasco al «ofensor» Francisco Vidal.
Como se recordará, todo comenzó con una feroz aniñada de Vidal, quien en entrevista dominical con «El Mercurio» culpó a los «tecnócratas» del gabinete de la ex mandataria, encabezados por Velasco, de la derrota presidencial, añadiendo incluso que en un consejo de gabinete «sufrí una descalificación brutal, de carácter personal, por parte del ministro de Hacienda». Anoche Vidal fue el primero en llegar a la cita, vistiendo una chaqueta de cuero de la Fuerza Aérea. Pregunta: ¿Por qué no la devolvió al dejar el gobierno? Respuesta:
«Porque fue un regalo». Dijo a continuación que sus declaraciones cumplieron un rol «político» y no personal. Minutos más tarde apareció Velasco, quien al parecer venía tan furioso con las opiniones vertidas la víspera por Pancho Vidal que ni siquiera traía suéter, sino apenas vestón y camisa. He aquí sus frases magistrales, al ser asediado por la prensa:
-¡Muchachos, veo que están pasando frío!
-Vidal dijo que.
-Sí, me han contado que algo dijo. No es la primera vez que habla. Yo voy a hablar de política cuando corresponda, no en una comida. Ahora les quiero decir que hay cosas que yo me tomo en serio y hay cosas que me cuesta tomar en serio.
Pero faltaba lo peor. Velasco entra a la calefaccionada sala de la comilona, Vidal lo mira y hace el amago de saludarlo y el esposo de Consuelo ni lo pesca. Bien dicho está: ni lo pesca. Hace como que Vidal es el hombre invisible y sigue de largo hasta sentarse en la esquina diametralmente opuesta, donde es rodeado por sus ex colegas. Vidal hierve de rabia y se come el buey, mientras sin querer queriendo los demás lo dejan solo en el rincón de los castigados. La llegada del ex ministro Pérez Yoma y luego de Andrade lo salvan y las cosas vuelven a la normalidad.
Lo demás fue latoso. Se escucharon menos risas que con un chiste contado por Frei y en un momento, más
que cena parecía velorio y ni siquiera las escuálidas botellas de vino entibiaron el ambiente.
Ficha técnica: ex ministros asistentes: dicen que 18. Grandes ausentes: Foxley, Bitrán. Atrasados: Andrade (1 hora 30 minutos) y Lagos Weber (3 horas 43 minutos). Árbitro: Sergio Bitar. Menú: a la carta. Borderó: misterio. Contó la plata para pagar: Vidal. Hora de término: 00.00 clavadas. 08


