El subinspector Ariel Villarroel Morales murió a consecuencia del ataque
Cuando Nicolás Sepúlveda Iglesias fue detenido la madrugada del lunes 27 en su domicilio, en San Bernardo, renunció a su derecho a guardar silencio. Su relato coincidió con el testimonio de Benjamín Villarroel Valenzuela (19 años), la otra víctima de la salvaje golpiza que dejó con muerte cerebral al subinspector de la PDI, Ariel Villarroel Morales.
Los hechos los detalló el fiscal Claudio Ciudad este miércoles durante la formalización de los seis imputados: el propio Nicolás, Kevin Valdebenito Vivaceta, Cristóbal Álvarez Iglesias, José Zavala Garay, Osvaldo Cofré Martínez y Benjamín Saldivia Valenzuela. Todos acusados de homicidio -el policía falleció la noche del mismo lunes 27- y de lesiones graves en contra de su hijo.
Todo ocurrió, señaló, alrededor de las 23:30 horas del sábado 25 en la cancha Quimey de la misma comuna. Benjamín Villarroel y su primo Roberto Valenzuela jugaron fútbol con otros vecinos del sector. «Durante el partido recibió lesiones de integrantes del equipo contrario y cuando terminó de jugar llamó a su padre».
El subinspector se apersonó en la cancha y encaró a los contrincantes. «De vuelta fue agredido junto a su hijo con golpes y patadas por los imputados. Cuando se desvaneció en el suelo los imputados siguieron golpeándolo».
A raíz de los golpes, Benjamín resultó con un traumatismo encefalocraneano complicado y múltiples fracturas en su cuerpo, incluida una parietal. Su padre sufrió un trauma encefálico severo, con compromiso del sistema nervioso central y un edema cerebral, que finalmente le provocó la muerte.
De acuerdo con el persecutor, los hechos no sólo fueron relatados por Benjamín la madrugada del domingo. Fueron ratificados por su primo Roberto Valenzuela, un guardia de la estación de metro más cercana, un joven que vive frente a la cancha Quimey y un conductor de Uber que estaba en el lugar.
«Ellos escucharon que los imputados le gritaban a la víctima Te vamos a matar, te vamos a sacar la ch… «, describió el fiscal. El arma usada para atacar al policía y su hijo, agregó, fue la rama de un árbol que sacaron y rompieron en tres partes.
Tras escuchar a todos los intervinientes, el juez Pablo Villar dejó en prisión preventiva a Nicolás Sepúlveda, Kevin Valdebenito, Benjamín Saldivia y Cristóbal Álvarez.
«Tengo presente que son personas con irreprochable conducta anterior, que son jóvenes, deportistas con trabajos, estudios y arraigo familiar, pero estamos ante un homicidio salvaje y otro cuasi homicidio. Tal vez la víctima sí tenía ánimo de pelear, pero aquí no se avizora el más mínimo grado de defensa personal. Esta pelea pudo haber quedado ahí nomás, a la orilla de una cancha de fútbol. Pero en lugar de eso agredieron a una persona con palos y cuando cayó al suelo le siguieron pegando con los palos y los pies. Eso fue una masacre», dijo el magistrado.
José Zavala y Osvaldo Cofré quedaron con reclusión nocturna. El primero, según explicó el juez, porque se fue en su auto cuando empezó la golpiza. El segundo debido a que intentó separar a las víctimas de sus agresores y luego sólo observó el ataque.
Ariel Villarroel era subprefecto de la Brigada Investigadora de Robos de Calama. Estaba en Santiago por una licencia médica con su esposa Eva Valenzuela Campos y sus tres hijos. Durante las últimas semanas su familia lo vio especialmente entusiasmado porque pronto sería la graduación de 4° medio de Benjamín.


