El conductor aprovecha la nieve junto a su familia
Me gusta estar inmerso en la montaña, rodeado de ese silencio que te conmueve, afirma.
Hace tres años Eduardo Fuentes comenzó a practicar esquí, deporte que lo conquistó gracias a la afición de su hija Alma, de solo seis años, y la familia de su esposa, la periodista Andrée Burgat.
«Ellos son todos buenos para esquiar, entonces me atreví y dije ya, metámonos, aunque sea más viejo, no importa. Tomé clases y ahí me picó el bichito», relató el animador de «Buenos días a todos» y próximamente el Festival del Huaso de Olmué 2026.
«El primer año empecé a ir todos los fines de semana. Me arrancaba sábado y domingo para tomar clases y practicar. Así me fui metiendo en esto que es una locura, una experiencia exquisita de conexión con la naturaleza», añadió el comunicador.
¿Qué es lo que más le gusta del esquí?
«No soy una persona particularmente buena para los deportes, nunca lo he sido, entonces era desafiante hacerlo, y lo que más me gusta es la posibilidad de estar inmerso en la montaña, rodeado de ese silencio que te conmueve, desafiarte físicamente y compartir con la familia y amigos. Además te obliga a levantarte temprano, acostarte temprano y cuidarte».
En redes sociales también lo vemos en familia y junto a su hija Alma. ¿Esto los ha unido aún más?
«Sí, es que el esquí genera algo que le llaman aprés, que es el posterior. No solamente cuando estás esquiando, sino la camaradería que se genera. Te vas haciendo de amigos, de conocidos. Mi hija está en un club donde tiene amigas con las que se divierte mientras esquía. Yo me encuentro con mis amigos y hacemos una comida rica para disfrutar de la experiencia. Lamentablemente es un deporte caro, pero es maravilloso y ojalá más gente tuviera la oportunidad de vincularse con la montaña de una u otra manera».
¿Qué consejo le daría a las personas que quieren empezar en este deporte?
«Hay un consejo que te dan siempre, que es que todos nos vamos a caer, como la vida misma, pero lo importante es cómo te caes y cómo te paras. Hay que cuidarse y cuidar a los demás. El esquí también fomenta mucho el respeto entre los esquiadores, entender nuestra responsabilidad cuando estamos en una pendiente, si voy bajando rápido, saber que tengo las capacidades para frenarme, para proteger a los demás».


