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Título/Pie de foto: «El agua dentro del yate llegaba a 35 centímetros, pero aumentaba rápidamente» Teniente Miguel Ángel Bravo, a cargo de la maniobra
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Autor de la Foto: ARMADA DE CHILE
Título/Pie de foto: El buque tanque Lama se ubicó a pocos metros del Lobitos III.
La maniobra permitió ganar tiempo mientras llegaba un equipo de rescate
La operación buscaba evitar que el fuerte viento golpeara a la nave siniestrada, pues a mayor bamboleo, mayor era la cantidad de agua que le entraba.
Jorge Núñez
Una noche para no olvidar tuvo Manuel Vallejos, dueño y capitán del Lobitos III, un velero de nueve metros de largo, de la clase Hunter, que pasadas las dos de la mañana comenzó a hundirse por la proa a ocho millas náuticas (14,8 km) de la costa de la Cuarta Región, frente a caleta Sierra.
El velero -que también cuenta con motor-, navegaba a unos cuatro nudos (7,5 km/hr) desde la Marina de Las Tacas, en La Serena, hacia Los Vilos, cuando tras 20 horas de navegación Vallejos llamó por celular a la capitanía de puerto de Los Vilos para reportar la emergencia.
«Todo fue muy rápido», cuenta el comandante de la Lancha de Servicios Generales (LSG) Coquimbo, teniente Miguel Ángel Bravo, que a esa hora se encontraba a 60 millas náuticas (111,1 km), en la bahía de Pichidangui, y que recibió la orden de atender al llamado de auxilio.
«Como sabíamos que estábamos a poco menos de tres horas de navegación, casi toda la misión navegamos a nuestra máxima velocidad, que son unos 24 nudos (39,6 km/hr)», recuerda el marino, quien tuvo que usar toda su astucia para idear una estrategia que les diera tiempo.
La suerte estuvo a su favor. «Cerca de las tres de la madrugada el capitán del buque tanque chileno Lama, que viajaba hacia el puerto de Quinteros, reportó una bengala de emergencia en el horizonte, por lo que de inmediato le pedimos que se dirigiera hacia la nave siniestrada».
La idea de Bravo consistió en ordenar al tanquero de 121 metros de eslora, 8.848 toneladas y 14.898 m3 de capacidad, que se interpusiera entre el yate y el viento. «El objetivo de la maniobra era crear un efecto cortina que protegiera al Lobitos III de los vientos SW de 15 nudos y las olas de dos metros que a esa lo golpeaban con fuerza», explica el oficial, pues entre más fuerte era el bamboleo de la nave, más agua le entraba.
«El agua dentro del yate llegaba a 35 centímetros, pero aumentaba de nivel rápidamente… los equipos eléctricos dejaron de funcionar cuando se quedaron sin batería», detalla el oficial.
A las 5:50 el oscuro panorama cambió radicalmente, cuando entre la niebla matutina apareció la Coquimbo a toda máquina. «De inmediato bajamos un zodiac con tres hombres, los que rescataron a los náufragos y los trajeron a bordo de nuestra nave, donde recibieron los primeros auxilios.
Al amanecer las buenas noticias ya habían llegado a oídos del gobernador marítimo de Coquimbo, capitán de fragata Eduardo Rubilar quien, orgulloso, dijo estar «muy satisfecho por el éxito del operativo, que se desarrolló bajo adversas condiciones».
Pasadas las 10, la odisea terminó cuando los náufragos fueron desembarcados sanos y salvos en Tongoy. Del futuro del Lobitos III no se puede decir lo mismo, pues su dueño contrató una avioneta que lo encontró flotando a duras penas 20 millas (37 km) al norte de caleta Sierra y a seis millas náuticas (11,1 km) de la costa. Contactado por este medio, no quiso comentar ni su travesía ni si intentaría rescatar a la pequeña nave.


