El intérprete y su temática preferida: el abuso de poder
Participó en 03:34 y en la obra Lo crudo, lo cocido, lo podrido, ganando un Altazor
Reconoce Hugo Medina que han sido años estupendos en su ya dilatada carrera como actor. Fue incorporado para la reposición de la obra «Entre gallos y medianoche», en el marco del Bicentenario, realizó giras exitosas por todo el país, tuvo un papel emocionante en la película «03:34» del terremoto, se incorporó a la obra «Lo crudo, lo cocido, lo podrido» (censurada en 1978) y ese papel le valió un premio Altazor hace unos días. Todo eso pese a que su cara es perfectamente reconocible, admite que el gran público, que sigue la tele, no recuerda su nombre.
Cuando la dictadura dejó nocaut la obra de Marco Antonio de la Parra, él estaba en Inglaterra, donde se quedó por diez años hasta 1986. «Cuando volví pude ver reposiciones y me gustó mucho por su simbología. No se trata de un discurso, de algo burdo, sino que muestra un humor mordaz sobre un tema muy universal: el abuso en el ejercicio del poder», sostiene.
-Eso se ve en todas partes.
-Claro, pero de manera distinta a la de esos años. La misión del teatro es expresar artísticamente para producir cambios que ayuden a la sociedad.
-Seamos más concretos.
-Más allá de lo anecdótico, se ve en la vida cotidiana, como una secretaria que debería soportar la coquetería de su jefe. A nivel de país, cómo no va a ser un abuso el de las empresas que construyen casas que luego se derrumban con el terremoto, se llueven o están construidas sobre basurales. O las isapres, que si te tomas muchas licencias te echan y nadie dice nada. Por eso uno no puede no estar contento con que la gente se quiera salir de las normas y se manifieste en las calles.
-¿Cómo por HidroAysén?
-Sí, es natural que se manifieste ese descontento, aunque hay gente que va a hacer desmanes, a buscar enfrentamiento y como están metidos en la masa, los carabineros reprimen a todos por igual. La obra («Lo crudo, lo cocido, lo podrido») muestra a seres en un mundo en decadencia que realizan rituales para mantener el poder a través del autoritarismo, a que nadie se salga de las normas. Hoy el sistema también busca que la gente no piense de forma diferente.
¿Y los punks?
En Inglaterra, Hugo Medina vivía en un ghetto, en años conflictivos de mucha agitación por una tremenda crisis económica con alta cesantía, pobreza y delincuencia.
-El final de los 70 fueron años del punk.
-Cuando yo llegué allá, los punks de verdad eran muy pocos y ya se habían incorporado al sistema por el capitalismo. Por ejemplo, las botas más caras de la calle Oxford eran punks. El real movimiento había ocurrido 20 años antes, cuando hubo una reconversión de las empresas en Londres y eso generó cesantía. Los hijos de los desempleados usaron pinturas, se tijeretearon y crearon una estética diferente. Pero luego nace el negocio y eso absorbe todo.


